Diario de León

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Me pregunta Gamoneda, cuyo vigor intelectual asombra a sus 93, si hubo en Valderas calle que se llamara Apalpacoños, y era de aclarar que no allí, sino en esta ciudad. Como tal figura hasta en escrituras o padrones y así la nombraba el callejero oficial que, tras la Guerra Civil, censuró tanta sinceridad con un «Apalpa C...» porque a esta calle-callejo le fumigaron su voz popular. Y por ser estrechísima calle retuerta en cuesta pindia, también se le dijo El Barranco y, por precisar, «de don Gutierre», noble que nombra la plaza de donde nace su sombrío callejón hasta desembocar en la Plaza del Grano. Y «El Barranco» le decimos no pocos aún hoy. Desde luego, el nombre no deja lugar a dudas de qué era lo que se apalpaba allí y a quiénes, que eran «mocitas de munición», diría la Pícara Justina, pues fue calle tan putera como aquel barrio de San Lorenzo de lupanar secular y tan cerquita de cabildos, aunque lo de mocitas no parece muy sincero en el bullir de Apalpacoños porque era desecho de tienta lo que poblaba mayormente sus mancebías, a cuya puerta sacaban silla baja y anzuelo las más viejas, pobres celestinas, pobres putas acabadas en garabato de mujer, mientras las pilinguis, la carne de jergón, ventaneaban charloteando y piropeando a la clientela, reclutas y mindundis lo habitual. Media ciudad aún las recuerda. Y en estas me ronca de nuevo el origen de nuestro pintoresco Paseo de Papalaguinda, vaya nombrecito: pa-pa-la-guin-da; a los de fuera les cuesta retenerlo. Y es nombre que nadie sabe explicar a tiro cierto, historiadores y cronistas nada dicen o se atreven, y poca cosa sabe el dios Google que tanto se las da. Tampoco falta quien se saca de la manga o de la minga alguna leyenda delirante, a ser posible fijada en el Medioevo cazurro al que tanto recurre hoy el cazurrismo pijohidalgo y de balcón-bandera en búsqueda urgente de una identidad regia que les haga príncipes con ínsula propia, diferentes, distintos y desiguales. Y en estas pergeñé hace años una teoría que no me la desmonta nidiós. Sostengo que nació como Apalpalaguinda. Ahí se apalpaba también. Y mañana me explico.

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