nubes y claros
Vende aire, que el tufillo queda
Ha llegado la hora de que las instituciones y los partidos políticos que han reclamado para León la sede del anunciado Centro Nacional de Ciberseguridad expliquen exactamente qué planes tenían para esa iniciativa. O, simplemente, qué demonios consideran que es ese proyecto. Ha tenido que viajar hasta León el ministro Óscar López, con un inconcebible sigilo y muchas más cuentas que rendir a esta tierra que un paseo pactado por el Parque Tecnológico, para frenar una polémica que en realidad nunca existió.
A principios de enero el Consejo de Ministros aprobó la creación de esta oficina de control, pero con la cosa de ponerle nombre rimbombante para disfrazar con grandilocuencia todo lo que se pone en marcha, por nimio y burocrático que sea, dio alas a una demagogia ignorante que, por otra parte, ha resultado muy reveladora sobre la incompetencia o la desvergüenza (eso es lo que hay que aclarar ahora) de los políticos locales.
El tal centro no deja de ser una oficina con un puñado de funcionarios, como ya se explicó entonces (Diario de León dejó clara a principios de año la dimensión y ambición del departamento, según sus promotores), que coordinen las actividades en materia de ciberseguridad que tienen repartidas entre otros el Incibe-Cert, que se encarga de la gestión de los problemas y la seguridad del sector privado (empresas y ciudadanos, también infraestructuras esenciales y críticas); el Centro Criptológico Nacional (CCN-Cert), que gestiona las entidades esenciales o importantes en el sector público; y el Mando Conjunto del Ciberespacio, que trata los incidentes del Ministerio de Defensa o las Fuerzas Armadas.
Lo terriblemente preocupante del asunto es que se pone en evidencia que si el vociferio político e institucional local defiende con denuedo un ente (nunca mejor dicho) que no existe, se pone en cuestión el conocimiento o el esfuerzo dedicado por los mismos agentes a las muy cacareadas aspiraciones a organismos anteriores (agencia del medicamento, del espacio,...) que sí hubieran sido un revulsivo para León. En este desmán hay que exigir responsabilidades.