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Mueve a asombro y a gran duda el episodio de localización en Sevilla de los restos de San Isidoro y su traslado a León, aunque lo que fue a buscar la nutrida embajada leonesa que se envió con dos obispos al frente eran los restos de las mártires Justa y Rufina, que como reliquias eran de segundo orden, aunque algo exóticas. Corría el año 1063. Fue un empeño costoso por urgir aquí la necesidad de ofrecer reliquias para atraer devotos a la iglesia dedicada a san Juan (antes a san Pelayo y todo ello sobre un viejo templo romano). Corrieron con el gasto los reyes Fenando y Sancha que tenían nada menos que el Santo Grial, ya ves... ¿y pagaban por traer unos restos de poca milagrería teniendo la máquina de romeros y limosnas más efectiva de todo el orbe cristiano, el vaso-cáliz de Cristo en la Última Cena?... (Margarita, no amueles, ahí no hay Grial que valga, ¿de verdad podrías creértelo?). Y lo que fue al principio una iglesia chiquita de adobe y ladrillo acabó en la basílica románica que hoy vemos. Tiene gran lío y obra superpuesta esa abadía que empezó siendo palacio de infantas con ancho Infantando y acabó en colegiata con curas que no son monjes aunque tengan abad, sólo cabildo. El moro tenía entonces relaciones diplomáticas con los cristianos —qué menos después de tres siglos a hostia limpia por aquí o por Alá-, así que les toleraron dos meses en Sevilla rebuscando en lo poco cristiano que quedaba después de tres siglos de arabía islámica borrando huellas y edificando encima. No hallaron ni rastro de Justa y Rufina, se agotaba la bolsa y se ordenó la vuelta a casa que tardaría cuatro meses. Pero hete aquí que la víspera de partir se le aparece san Isidoro al obispo Alvito y le indica dónde están sus restos con precisión de gps. Allá se fueron, lo cogieron, lo cargaron y... pitipiti pa León. Toda esta chapa soltó Otavito al dudar seriamente de que sea san Isidoro; que no, que cogieron uno cualquiera por no volver de vacío y que, como quizá al Cielo le disgustó la mentirijilla de Alvito, a los seis días murió; y que si quiere el lector el desenlace y razones, pase por aquí mañana, pues si no fuera san Isidoro, ¿qué pasaría?...

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