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Acabo de terminar Testamento literario, de Palacio Valdés (1853, 1938). Cuánto me ha gustado. Nada había leído de don Armando y dudo que hoy tenga muchos lectores, aunque antaño fue celebridad internacional, dos veces candidato al Nobel. El libro —199 páginas— es joya olvidada. Lo publicó en 1929, en la recta final de su vida y antes de que a los españoles se nos olvidara —de nuevo— amarnos los unos a los otros. ¿Lo hubiese leído si no me lo regalan en una vieja edición? Casi todas sus reflexiones tienen hoy vigencia. Leo: «Tal vez ellas —las mujeres— lleven a cabo la renovación política que todos ansiamos, le comuniquen el tono de honradez y humanidad de que carece». Y sobre el estilo: «No hay nada más difícil que escribir con facilidad» (….) la originalidad viene sin que se la llame…». Murió de vejez, en un sanatorio, en plena guerra civil. Y también, sin duda, de desolación. Hay obras actuales más muertas que la suya. En 2007, Eduardo Mendoza publicó ¿Quién se acuerda hoy de Armando Palacio Valdés? Escritores en lengua española: veinticuatro presentaciones y dos prólogos. Pero el título contiene ya una paradoja. Además, no todos los olvidos son malos. A mí no me importará ser en el siglo XXX un columnista olvidado, siempre que usted —aquí y ahora— recuerde que los martes y los viernes tenemos una cita.

Uno de los filólogos que más contribuye a que no sea olvidada nuestra mejor literatura popular es el astorgano Javier Huerta Calvo, quien ha entrado a formar parte del prestigioso Instituto de Estudios Madrileños. Felicitaciones, no olvido que nos vemos este verano.

Allá arriba, Cervantes consuela a don Armando: «No te hagas mala sangre, si quieres vuelvo a leerme La Hermana de san Sulpicio». Fue su novela más exitosa, con la tercera versión cinematográfica comenzaría Carmen Sevilla su carrera. Y nuestro gran manco, tal Aquiles, ¿cambiaría su propia inmortalidad literaria a cambio de un paseo por Esquivias, o por degustar —a lo terrenal— unos huevos fritos con torreznos? Puede. Busquen Testamento Literario, en las librerías de viejo…. o entre los libros que conservan de sus mayores, pues posiblemente leyeron a Palacio Valdés. Inolvidable autor olvidado. Solo el amor permanece.