nubes y claros
Liberación (II)
Aguardábamos las señales. Y el aterrizaje de cierta sensatez en los mensajes económicos. Con el rabillo del ojo alerta, porque la ola del tsunami sacude cada vez con mayor frecuencia. Habían pasado apenas unas horas desde que en el Club de Prensa de Diario de León se analizaban las secuelas de la aguadilla inversora provocada por Trump el pasado 2 de abril con el anuncio de descabellados aranceles, aquel bautizado absurdamente (por él) como Día de la Liberación, cuando el errático desvarío del insólito gobernante volvió a servir de excusa para que los tiburones hagan caja en los mercados. El a pesar de todo presidente arruga el morro y anuncia para dentro de unos días aranceles a la UE del 50%, más ridículo aún que la propuesta anterior. Pero los mercados aprovechan para desplomarse y arrastrar con ellos el ahorro de millones de ciudadanos en todo el mundo.
Se recuperarán a largo plazo, sí; no hay que ceder al miedo, desde luego. Pero el discurso mentiroso y demagógico del iracundo personaje daña todos los frentes de nuestra economía, también a nivel muy local, en un momento que ya no dejará nunca de ser delicado. Y lo hace porque las aguas en las que navegan las acciones, fondos de inversión y planes de pensiones de los ahorradores están plagadas de especuladores a los que el revuelo llena los bolsillos. «Hay mucha operativa a corto, y muchos que se enriquecen con las bajadas de la bolsa», que además se retroalimentan para generar nuevos recortes que siguen enriqueciendo a los mismos, explicaba la directora de Andbank.
Quienes piensen que esta marejada afecta sólo a los que tienen ahorros, por pocos que sean, están muy equivocados. El daño es generalizado, y se materialicen o no los despropósitos habrá más productores locales en precario, más empresas temerosas de invertir y contratar, subidas de precios en la compra diaria,... Más desaceleración económica. Más incertidumbre. Venga a cuento o no.
Dijo aquel que si en la república de las plantas existiese el sufragio universal las ortigas desterrarían a las rosas. Añadió Churchill que la democracia es el peor de los sistemas excepto todos los demás. En EE UU salió la ortiga. Y nos escuece a todos.