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La hoja de ruta de la relación de Vox con el Partido Popular en los últimos tiempos es difícil de entender. Hubo un momento clave, en el que un calentón en Madrid generó la orden de romper los pactos de gobierno en las distintas autonomías, incluida Castilla y León. En otros territorios las cosas se han ido recomponiendo, al menos para aprobar los presupuestos. Aquí ni siquiera queda ya en las Cortes el que fuera su máximo representante, el burgalés Juan García Gallardo. Aquello acabó explotando literalmente. Y ahora la Comunidad sigue sin cuentas. Ayer el asunto llegó al Pleno y allí quedó claro que las diferencias son irreconciliables. El presidente Fernández Mañueco no dejó dudas: «Lo que más beneficia a Sánchez es la actitud y la obsesión que tiene Vox contra el PP».