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Busque usted en casa dónde tiene la vieja antología con los cien —o los mil— mejores versos de la poesía española. Muchas editoriales tenían la suya. Consulte en su índice cuántas mujeres aparecen: se cuentan con los dedos de una mano, y te sobran. Con el paso del tiempo, las ausencias son tan visibles como pisadas en la nieve. Y en la prosa ocurre igual: Menéndez Pidal solo incluyó a santa Teresa; María de Maeztu a ninguna, en su cala en cuatro primeras décadas del pasado siglo. En Los 25.000 mejores versos de la lengua castellana, obra publicada por Círculo de Lectores en 1963, y en la que no figura el antólogo, solo fueron cuatro mujeres las elegidas. No abogo por una estricta equidad de género, me basta el mérito objetivo, pero en la historia de nuestra literatura algo no cuadra, con tan pocas mujeres en sus páginas. En fin, ningún manual serio de literatura del siglo XX debería hoy despachar con tres líneas a Concha Espina o a Emilia Pardo Bazán. Hemos avanzado, pero aún queda mucho desagravio pendiente.

En Astorga, del 22 al 24 de julio, tendrá lugar un congreso internacional: «Hacia el 27: creadoras en la Edad de Plata», dirigido por el prestigioso catedrático Javier Huerta Calvo, de la Universidad Complutense. Un encuentro de primer nivel, que se adelanta a los que habrá dentro de dos años; solo cabe felicitar a las instituciones que lo harán posible: Ayuntamiento de Astorga, al ILC, a la FUE y a la Asociación de Amigos de la Casa Panero. Un orgullo para nuestra tierra.

Por cierto, tampoco Gerardo Diego, incluyó a ninguna mujer en su antología de poetas españoles 1913-1931; y lo mismo puede decirse de la editada por Gaos. Habrá el lector observado que no he empleado aún la palabra machismo, ni lo haré; no creo que siempre esta lamentable tara sea la causa para explicarlo todo, pero sí hoy debemos impedir la repetición de injusticias, de ahí la gran importancia de este congreso.

La voz de la mujer nos hace mejores. En mi mocedad tuve una novia que me hizo un pareado: «Eduardillo, Eduardillo/ que siempre te pillo». Antológico verso, aunque no haya pasado a los manuales; y, aún más, antológica ella. Mujeres, cambiemos juntos este mundo herido de desamor. Plata en Astorga.