Antropoceno
La gobernabilidad es el principal reto que debe afrontar el ser humano

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS
La huella que el ser humano está dejando en el planeta es de tal magnitud que algunos geólogos han definido la época en la que vivimos con el término antropoceno. Nunca el ser humano adquirió tanto poder como el que actualmente detenta, nunca tuvo tanta capacidad destructiva a su disposición.
Muchos y cambiantes son los interrogantes que nos agobian. Uno de los principales desafíos a los que nos debemos enfrentar, según algunos intelectuales y científicos como el británico Martin Rees, es el de la gobernabilidad. Cómo utilizar el poder humano es determinante para nuestra supervivencia.
La gestión es ejercicio de poder, en mayor o menor medida, pero siempre implica poder. Poder de tomar decisiones que determinan el rumbo de los acontecimientos y provocan unas consecuencias. Todos nos tenemos que enfrentar a nuestra toma de decisiones diariamente, nadie se escapa a esta encrucijada.
Evidentemente, solo aquellos que tienen la capacidad de gobernar estados, grandes multinacionales u organismos internacionales, tienen la capacidad de influir en el destino del mundo. Estos sí están dejando su huella en el planeta, ellos si están creando un nuevo periodo en la historia de la humanidad.
El destino del planeta y de la humanidad están inevitablemente unidos. Una perogrullada tan grande parece que se nos olvida recurrentemente. Las decisiones de los gobernantes marcan el futuro de ambos. Estas decisiones son estratégicas y en ocasiones abarcan periodos de tiempo que implican décadas.
En estos momentos, estamos asistiendo a una desestabilización de las relaciones internacionales provocadas por decisiones que han puesto en el baúl de los recuerdos la forma de relacionarse entre los estados e incluso de los líderes políticos. Hemos retrocedido en las formas y en el fondo a la hora de entender cómo dialogar sobre las cuestiones claves del mundo.
La forma de entender la gobernabilidad a nivel global ha evolucionado con el paso de los siglos. Paulatinamente se había ido renunciando al uso de la fuerza como instrumento de la política internacional. Recientemente, se ha recuperado como medio para conseguir los objetivos perseguidos. Es una vuelta al Pleistoceno.
Supone una regresión muy peligrosa para la humanidad precisamente por el poder que detenta. Pero, no solo en el ámbito de las relaciones al máximo nivel la gobernabilidad determina el futuro del planeta. Decisiones sobre el tipo de energía que queremos consumir son determinantes en nuestro futuro a corto plazo.
Hemos intentado deshacernos del carbón pero, salvo en algunos lugares como nuestra provincia, en otros muchos, este intento no ha pasado de ser un amago y sus centrales térmicas siguen abiertas. Recientemente, la energía nuclear ha pasado a formar parte de las energías limpias, también por una decisión estratégica.
El uso de la inteligencia artificial ha emergido en nuestra agenda de toma de decisiones necesarias y que no admite demora. Nos debatimos entre la ilusión infinita y un temor creciente a que podamos resultar prescindibles en un corto periodo de tiempo.
En definitiva, el ser humano está definiendo una nueva época de forma cómo nunca lo hizo. Atropelladamente, sin respiro y sin tiempo para vislumbrar las consecuencias. Hemos construido una ecuación en la práctica cuyas variables principales son poder, rapidez e irreflexión, una mala y peligrosa combinación. Quizás devolvamos al planeta a la época de los dinosaurios.