Creado:

Actualizado:

Mentiras bajo un árbol caben pocas. Quizá el Cielo o un satélite no las vean porque su copa, si es tupida, las oculta, pero todos sus flancos quedan a la vista; sólo el tronco, si es robusto, podrá ocultar momentáneamente algo y por eso siempre hay que darle una vuelta a los árboles... y a las cosas... para verles el derredor, desvelarles lo que pretendan esconder y así poder hacerse un juicio más preciso. Tampoco es necesario que te plantees lo que se preguntaba aquella titubeante gallega en sorna haciéndose un tiktok: ¿cuál es la parte de atrás de un árbol?, porque te dirá «si eres una persona sensata, dirás pues no lo sé... si eres de los que piensan que son más inteligentes, te dirá pues aquí el norte, no sé qué, el musgo que nace... pero no te estoy preguntando dónde está el norte ni del musgo que nace, yo estoy preguntando ¿dónde está la parte de atrás de un árbol?... por regla general nadie lo sabe, es un misterio... pero aquí entra lo de la inteligencia selectiva que te digo, porque si vas paseando por el monte y de repente te entra un apretón de tripas y tienes que cagar detrás de un árbol, sabes perfectamente cuál es esa parte de atrás, ahí no te entra duda ninguna... pero seguro».

Pero ya es verano, estás de ocio, volviste al pueblo quizá o deambulas en paseo errático por la ciudad cruzando algún jardín, llevas agua, un libro y unos prismáticos en la mochilita, ves un árbol frondoso que ofrece tentadora sombra y brisa al bies, no lo piensas y eliges de ese árbol su parte de adelante porque vas a dejar la mente en vagancia, a otear horizontes con los binoculares si es un árbol en altozano o, aún mejor, a sacar tu libro y leer un rato, a comer con los ojos saberes o aventuras... y esa parte del árbol es la buena a este fin; la de atrás te la reservas por si fuera necesario, pero como eres de prudencia previsora, ya vienes cagao y llorao de casa... así que a leer un rato y que pase el tiempo nutriendo tus entendederas y dándole alas a la imaginación que te presta el autor elegido, que si es un lírico y es poesía, se convierte en sentimientos de los de mascar lentamente... Un árbol y un libro... ¿qué más pedir?... feliz verano.