Diario de León

PANORAMA

Diego Carcedo

Diego Carcedo

Marruecos, el vecino incomodo

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España y Marruecos además de la vecindad lo comparten casi todo, excepto la confianza recíproca. En España residen legalmente un millón de marroquíes, que contribuyen con su trabajo en diferentes actividades y envían a sus familiares cantidades importantes de euros que indirectamente se convierten en una fuente de divisa para el Gobierno. Mientras tanto, en Marruecos se hallan instaladas cerca de un millar de empresas españolas que crean puestos de trabajo y contribuyen con sus cargas fiscales al presupuesto del país.

Puestos a recoger ejemplos del interés común cabe añadir que la tercera parte de las frutas y verduras que se consumen en España proceden de Marruecos y algunas veces sin cumplir las exigencias sanitarias. Hay otro dato importante y es que son marroquíes la mayor parte de los extranjeros que cruzan el Estrecho para cursar sus estudios superiores en Universidades españoles, en su mayor parte andaluzas. Hay otro dato oficioso y contradictorio de apreciación social asegura que España es el país más odiado por el grueso de los marroquíes y, al mismo tiempo, al que más personas desean e intentan emigrar. Para tratar de entender estas incongruencias es evidente que es la historia y la tradición de considerar a España y a los españoles como enemigos la que sigue marcando. Echando la vista atrás vemos que efectivamente los recuerdos de guerras todavía están presentes en la memoria colectiva.

No hace falta retrotraerse a los años del Protectorado, que dejó tan malos recuerdos de la opresión militar que ejerció la dictadura franquista y se prolongó hasta que la presión internacional forzó la entrega el poder al nuevo Marruecos independiente. España cedió, pero manteniendo dos reductos importantes bajo su control que todavía continúan condicionando las relacione: El primero fue Sidi Ifni, cuyos defensores de la marroquinidad del territorio mantuvieron una guerra con España acabaría cediendo.

Quedaba el Sahara, la última colonia española, disputada por Marruecos, Argelia y Mauritania. España intentó crear un Estado independiente, pero el bloque de los tres aspirantes a repartirse el territorio acabó con la sorprendente Marcha Verde que acabaría obligando a España abandonándolo a Marruecos y abriendo un nuevo conflicto que todavía no ha sido resuelto. Oficialmente España abandonó la colonia, pero mantuvo la soberanía que el presidente Sánchez cedió a Marruecos sin ninguna compensación conocida.

Lejos de valorar la cesión de la soberanía del Sahara, Marruecos continúa considerando que no es suficiente y sigue desestabilizando las relaciones de buena vecindad reivindicando Ceuta y Melilla, las dos ciudades centenarias que España defiende con todos los argumentos que aporta el Comité de Descolonización de la ONU para determinar una situación colonial. La tensión larvada y el recuerdo de la Marcha Verde siguen empañando una amistad que se mantiene incómoda.

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