Creado:

Actualizado:

Mandaban las ordenanzas del siglo XVIII en Sajambre y Valdeón que cada vecino pudiera cortar al año la madera necesaria para hacerse un carro, dos ruedas más, un yugo, dos costanas y cortar seis altas varas de acebo que tanto demandaban los arrieros, todo un afán artesanal que se exportaba a las ferias leonesas y castellanas. Cabe suponer, pues, el mucho trajín leñador que fue tallando aquellos paisajes y que, gracias a él, heredamos en su grandiosa belleza. Sus bosques se andaban. Dos nombres de sus puertos recuerdan ese aprovechamiento, Panderrueda y Pandetrave (pan, en tantos sitios, significa «llano», zona de cultivo: Pandescanda, Pandorado...). En el primero se reservaban árboles de menor porte para las ruedas, mientras que en el segundo se acotaban los mejores robles que proporcionaban los enormes «traves» o vigas que se asientan sobre cuatro o seis pegoyos para armar sobre ellos los hórreos de los que llegó a haber un ciento en estos dos valles de primor.

Fueron muy severas aquellas ordenanzas. En ellas se jugaba el pan de sus pueblos y por eso establecían que por cada árbol cortado se plantaran dos nuevos para, de esta forma, mantener una frondosidad que ahora el fuego muerde sin piedad alguna. Y es que ya venían aquellas gentes escarmentadas de una deforestación casi total tras el «incendio» naviero de Felipe II que taló a mansalva esa montaña para cebar con tablón fácil los astilleros cantábricos que construían las naos de la Armada Invencible. Desde entonces Sajambre y Valdeón se dieron límites ¡y fomento! a sus usos forestales... y la madera ardía sólo en las cocinas no dejando al fuego que corriera por el monte tan cómodo como ahora. Se provocaban incluso quemas controladas y saneadoras del tupido escobedo sobre el que hoy galopa el incendio. Y vénganos hoy aquel escarmiento de Picos: el monte ha de andarse... y dos vástagos por cada árbol ardido. Pero repoblar al tuntún será dar nuevo pasto al dragón. Hágase mosaico forestal. Y metan usos, dineros, gentes y ojos al monte o nuestros nietos se cagarán en sus muertos, que seremos nosotros en nuestro caos idiota.