Mañana, escoria
Al cancionero leonés que nos legaron nuestros abuelos le debemos algunas de las lecciones que aprendimos a la cabecera de la cuna para guiarnos por la vida a tientas. Cuando nos cantaban para que nos durmiéramos, no para aborregarnos como en los entretiempos del Telediario, las coplas nos alertaban de que si esta noche ha llovido, mañana barro. Pobre del carretero, que va en el carro, nos enseñaron, antes de que advirtiéramos que las coplas encerraban moralejas que luego habría que aplicar cuando nos pusieran delante una trocha por la que guiarnos. No lo sabíamos, entonces. Ni adivinábamos que, detrás de esa lluvia que anunciaba el pronóstico de la tonada, se abalanzarían sobre el territorio las cenizas de un luto con el que esos incendios que asolaron montes y valles, camperas y pueblos, amanecerán en la boca de los manantiales y los cadozos de los ríos para envenenarlo todo a su paso.
El tributo de los rescoldos se agazapa aún entre las brasas de los incendios que duermen en el lecho de los bosques. No se han apagado, por mucho que lo anuncien los partes. No desaparecen por más que las administraciones tapen con el dedo de su publicidad un escenario que, sobrepasadas las fotos y los vídeos, postergadas las primeras planas de los medios nacionales que utilizan la tragedia como metralla política, olvidados los gestos de dignidad con los que los forestales niegan el saludo a Alfonso Fernández Mañueco, enterradas las escenas infames en las que Pedro Sánchez aterriza cerca de las bases forestales para esconder su desidia, se sumirá en la desolación más absoluta. Por muchas ayudas ficticias con las que busquen justificar la responsabilidad del desamparo del medio rural, sin que luego se sustancien ni siquiera la mitad de las anunciadas, ninguna conseguirá compensar un daño que, como todas las demás políticas, animan al abandono premeditado. No habrá más que munición de fogueo con nuevos contratos de la Junta para que las empresas privadas se repartan el botín. Los pactos de Estado del Gobierno contra el cambio climático para enmascarar su negligencia se quedarán en nada. Quítate de la ventana, ramín de flores. No te asomes a los ríos. Si esta noche ha llovido, mañana escoria.