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Aparte de una oportunidad, que lo es cuando se hace con sentido y responsabilidad, preservar el patrimonio es una obligación, máxime en casos como este en que hay grupos sometidos a la tentación interesada y falaz de tergiversar la historia. Noches en las trincheras, que ha sido un éxito en la reciente nueva cita durante los pasados 23 y 24, es un recordatorio de los duros acontecimientos de mediados de septiembre de 1937 que convirtieron a Villamanín en «el Belchite leonés». El Frente Norte, al mando del general Aranda, del ejército sublevado, se convirtió en uno de los grandes frentes de la guerra, y Villamanín en un lugar estratégico para las tropas republicanas, con el atrincheramiento de la compañía del capitán Luis Vaquero en las instalaciones de la bombardeada y abandonada La Fabricona de Golpejar, la principal fábrica electrometalúrgica de España en los años veinte del pasado siglo. Lo que no tiene duda es que el avance de las tropas franquistas hacia Asturias, que era su gran objetivo, supuso un duro golpe, entre otras, para varias poblaciones de la alta cornisa del Bernesga, bombardeadas con dureza inusitada, sin piedad, por la aviación alemana que había despegado del aeródromo de La Virgen del Camino. El grado de desolación y ruina fue de una tristeza sobrecogedora, y la inmediata entrada de las tropas sublevadas acabó con la resistencia y dio origen a nuevas situaciones. Villamanín es, sin duda, el paradigma. Nada de extraño supuso la creación de un penal por la Dirección de Regiones Devastadas.

Desconozco si hay una monografía sobre Villamanín en este punto cronológico de su historia, que, de no existir, sería muy clarificadora, aunque haya textos importantes sobre la zona. Al margen de la presencia literaria de la población, que sí tiene, dos libros de literatura bélica son hoy referencia inevitable: El muñeco del maestro de la joven María Lorenzo Valero, y Memorias de un cura. Episodios bajo la dominación roja, de Fortunato Alonso de la Puente, párroco en aquellos años de Millaró. Seguro que la mirada literaria y fotográfica en alguna de las próximas ediciones enriquecerá y ampliará el panorama.

Esta recuperación rigurosa que se fortalece en Villamanín activando los recursos propios con la cooperación vecinal y de algunas asociaciones es digna de aplauso. Quede, sonoro, en estas hojas por poner así de relieve su enorme valor patrimonial y testimonial, importante referencia también de muestra del que se conoce como turismo bélico. Lástima que otras poblaciones cercanas, con interesantes variantes en este mismo sentido, se vean acorraladas por la ignorancia, nunca sabemos si real o interesada, de los que mandan, o por su tendencia a la dejadez, alimentada con frecuencia por el núcleo de quienes les (des)aconsejan. Unos caminan, otros siguen atollados.