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La movilidad está en la línea narcotizante de la sostenibilidad; con el tiempo, crea los mismos anticuerpos que la resiliencia y otros sintagmas del trabajo de fin de carrera de Begoña y los discursos de Ursula Von der Leyen. Ya salió. A veces, resulta complicado sujetar el envite más allá de la línea 20, por lo imposible de traer fábulas a primer plano sin invocar la participación de la socia de Sánchez y Feijóo, que no se pueden ver en España pero bien que se amecen en Bruselas. De allí llega también esta metralla de la movilidad, que se trata de estabular, en esencia. La semana sin coches empezó por edulcorar la crítica con la evolución de tarifa de los automóviles, primer distintivo de libertad en occidente, y que su precio medio saltara de diez a treinta mil euros; dentro de poco, esa cifra será el mínimo. Así, hasta los más reacios tendrán pocas pegas que poner a echar mano de la bicicleta, porque lo del caballo se antoja una odisea visto cómo se ha puesto el asunto de las gallinas. Eso también lo votaste tú, en esa idiocia profunda que te empujó a votar a Pons para que tomara decisiones en tu nombre en el Parlamento Europeo, mientras dedicaba el poder firmado a escribir cochinadas en novelas de ópera prima o a llamar insidiosos a los políticos de Vox que cuestionaban en debate electoral la mano larga de los socialistas de Ávalos. También votaste, tú, dar la manija a Pons con el asunto de las zonas de bajas emociones, con las que el alcalde de Madrid te envía recetas siderales con el membrete del Partido Popular. Ya veremos cuántos alcaldes caen por el precipicio por atreverse a aplicar la norma sobre los coches feroces y veloces con grilletes que dictan los grupos de presión y los eurodiputados, mientras ellos toman altura con los billetes de avión que les pagamos a escote; ya veremos cuántos concejales están dispuestos a pedir el voto mientras se jactan de las multas apiladas en la mesa del póker del radar. El del solar de la carretera Carbajal, Padre Isla número 1 para efectos legales, no es más que una puta anécdota. Los candidatos del PP, ante la pila bautismal de las urnas: ¿Renunciáis a Satanás? Y a ver qué responden.