Misión cumplida
Cada familia tiene su propia leyenda urbana de uso interno. Ya saben: que si un hermano del bisabuelo se fugó con una lanzadora de cuchillos, pero volvió esa misma tarde… que si una tía de la abuela tuvo un perro que hablaba solo…en fin, un poco de verdad más la exageración doméstica. En mi familia política se dice que la biblioteca del tío Pachín era la mejor de León. Y no es hipérbole, sino cierto. He podido comprobarlo volumen a volumen. Un gran lector y un gran hombre. Francisco Roa Rico (1908-1974) fue letrado mayor de la Diputación de León, con funciones finales de secretario, miembro de la Academia San Fernando, de la Comisión de Monumentos, escritor y divulgador de temas leoneses… He metido en cajas los más de 4.000 libros que integraban su biblioteca (realmente son más, pues muchos volúmenes contienen docenas de títulos encuadernados). Aquí no cabe simplificar con la biblioteca grande, ande o no ande. No es cuantía, sino contenido.
Libros del XVII y del XVIII, ensayos, poesía, novela, teatro, biografía, arte, religión, opúsculos, historia —mucha de León… Tesoro de papel que Olga y Yolanda Roa, generosas hijas de don Francisco y de doña Berta, y nietas del alcalde Roa de la Vega, acaban de donar a la Universidad de León, y que ya está en el mejor cofre. Aquello que la herencia familiar había fraccionado vuelve a estar unido.
El pasado viernes tuvo lugar, en Filosofía y Letras, la recepción oficial, con la presencia de las herederas. Un precioso acto presidido por la rectora, Nuria González, el decano, Javier Rodríguez, y la directora de Biblioteca, Marta Matías. Hablé en nombre de la familia y cité el célebre inicio de Ana Karerina: «Todas las familias felices se parecen, pero las desgraciadas cada una lo son a su forma». Los Roa son proclives a la felicidad, pese a las pruebas que a cada uno su propia vida les pone. No son clan, sino jovial ramificación. A las ciudades pequeñas las hacen grandes sus familias, que nunca debemos confundir con los apellidos.
Si en el cielo dejan aún fumar, don Francisco habrá dado una gran calada a su pipa. Misión cumplida, habrá sonreído. Misión cumplida, sonrieron Olga y Yolanda. Y ahora que comience la leyenda acerca de una biblioteca viva.