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No me gustó gran parte de lo que oí y vi del funeral de Estado por las víctimas de la dana. Me pareció insoportable que en un acto de despedida y recuerdo las víctimas quedaran sepultadas por insultos y violencia verbal. No quiero ignorar ni despreciar la ira de los familiares, obligados a compartir el dolor de un adiós solemne con el presidente de la Generalitat Valenciana que pasará a la historia por su ausencia en las horas más críticas de la tragedia.

Mazón es un victimario para esas personas que gritaban y pedían su muerte —repito, no lo comparto y me atravesó las entrañas— porque la mayor catástrofe natural que ha ocurrido en España, con 229 víctimas fallecidas, podría haber sido menor si las alertas se hubieran enviado a tiempo y la diligencia gubernamental hubiera sido la esperada de quienes gobiernan.

Cierto que hubo también cera para el Gobierno de Sánchez. Siempre hay ocasión para Pedro. Pero a estas alturas de la valiente investigación que realiza una jueza ‘de pueblo’ en Catarroja, es más que evidente la dejadez absoluta de Carlos Mazón en una jornada crítica y trágica. Que el PP, durante un año larguísimo, sostenga aún a su president dice mucho de las malas artes que dominan la política. No voy a decir decir lo que pasaría si un gobierno autonómico arrastrara tras de sí las 229 muertes.

No, lo peor es que la decadencia moral y política que hay detrás de esta falta de responsabilidad es el caldo de cultivo que abona la ira de la ciudadanía, el poso de violencias y un deterioro de la convivencia de consecuencias fatales. Azuzar la calle y el Parlamento como arma politica es declarar una guerra sin cuartel que se abre en diferentes frentes.

La violencia verbal se ha convertido en una pràctica habitual que desvirtúa la democracia. Se han pisado tantas líneas rojas que no es de extrañar que la contención ciudadana ande por los suelos. Todo vale. No hay más que acercarse a la terraza de un en un día tan señalado como el derbi Madrid-Barcelona. Un día de otoño que parecía verano y un espacio público para la jauría.

Si me pongo en el lugar de las familias de las 229 víctimas, sinceramente, no sé cómo hubiera reaccionado por ser obligada a compartir el espacio del duelo de todo de un pais, de todo el Estado, con alguien que no ha asumido que se equivocó, que nos lleva intentando engañar un año entero y a quien su jefe ni siquiera ha reprendido y no sólo apuntala su supervivencia politica, también hace más difícil la labor de la justicia por el aforamiento.

No juzgo la actitud de quienes insultaron y llegaron a pedir la muerte de Mazón. En Valencia ha habido doce manifestaciones para pedir su dimisión. En Madrid le ha bendecido su partido otras tantas y no hizo nada por impedir que llegara un dia tan señalado y el protocolo institucional obligara a invitarlo. Si después de todo esto, el PP y Feijóo reaccionan, será tarde. Las víctimas merecen descansar en paz y justicia. Esperemos que llegue y alivie como la música que también sonó en el funeral.