Homo Exul
Las distintas épocas de la evolución humana han tenido, como referencia general, un adjetivo latino para calificar a homo, precisando sus valores fundamentales de referencia en ese punto determinado del proceso. Ahora, por razones de abundancia y multiplicidad, esos adjetivos crecen, siguiendo el modelo, pero, a mi juicio, con un sentido restrictivo mayor. Por eso son menos conocidos, además de lo que afirma Charles Rice, Premio Nobel (2020) por descubrir el virus de la hepatitis C: «La gente ya no valora la ciencia ni las opiniones de los expertos basadas en hechos. Es muy frustrante».
Sea como sea, lo cierto es que en estos últimos tiempos, en el año en curso he conocido dos libros muy interesantes, en cada uno de los cuales hay un adjetivo que encorseta al sustantivo de referencia. El primero, de David Bueno, biólogo, profesor universitario y divulgador, se titula El arte de ser humanos. Escribe en sus páginas: «… tal vez deberíamos llamarnos Homo artisticus en vez de Homo sapiens, pero es que desde el punto de vista de este ensayo, sapiens significa «el que sabe». Pero es que hay muchos animales que saben cosas de su entorno, también son sapiens hasta cierto punto. Pero no hay ninguno que haya generado arte, eso es lo que nos hace distintos a todo el resto de animales. Sin arte, no seríamos humanos. Primates, sí; pero no humanos».
Una de las preguntas más incómodas hoy, por constatables, es por qué el ser humano se volvió violento. Quizá el interesado encuentre alguna respuesta en el libro Homo exul —otro adjetivo más en la lista-, sin duda muy interesante también. Lo firma el cirujano chileno James Hamilton, quien afirma que el homo sapiens, altamente colaborativo y empático durante gran parte de su historia evolutiva, empieza a renunciar a los vínculos esenciales en el entorno, dando lugar al homo exul, un «hombre exiliado de su naturaleza», más competitivo, dominador y patológico.
Eso dicen.
Otros prefieren solo el homo. Desnudo, sin connotaciones ni añadiduras.
Seguro que todos tienen razón.