CANTO RODADO

Dos varas y una dictadura

Ayuso demuestra nulo respeto a la democracia y mucha maldad al vociferar que España vive en una dictadura

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Con dos días de diferencia, dos fallos judiciales nos han dejado helados como este noviembre que se va con la sombra oscura de la muerte marcada en la nieve. La mina nos duele otra vez.

El 18 de noviembre, después de dos años y casi ocho meses, conocimos la absolución de las 16 personas encausadas por el accidente en el que fallecieron seis mineros y otros nueve resultaron heridos en el accidente en el pozo Tabliza (Emilio del Valle).

El 20 de noviembre, fecha memorable porque se cumplían los 50 años de la muerte del dictador Franco, asistimos con estupefacción a la publicación de un fallo exprés sin sentencia.

El Tribunal Supremo considera culpable, aún no sabemos los motivos, al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, por el caso de la supuesta filtración del acuerdo con la fiscalía ofrecido por la defensa de Alberto González Amador para eludir la prisión por un fraude al fisco reconocido por el susodicho, a la sazón, pareja de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz-Ayuso.

La dilación de un caso y la ultrarrapidez de otro son dos caras de la misma moneda. Las dos varas de medir que alientan a la ciudadanía a creer cada vez menos en una justicia cada vez más alejada de la independencia.

Ni un responsable ha encontrado la jueza leonesa en la cadena de mando al analizar lo que ocurrió en la explotación séptima del macizo séptimo. El recorrido que puedan tener los recursos corroborará o rebatirá esta sentencia, pero el daño está hecho.

Han pasado más de 12 años desde que ocurrió el accidente, aquel 28 de octubre de 2013. El retraso indebido en el juicio —casi nueve años de instrucción— y en emitir la sentencia ha alargado el dolor de las familias hasta el infinito. La rapidez y los medios empleados para sentar en el banquillo al fiscal general del Estado contrastan con esta desidia que siempre pagan los de abajo, los nadie.

Sin sentencia, Ayuso ha salido a hacer alarde, con los ojos casi fuera de las órbitas, a pesar de que el bulo que ha dado lugar a todo este embrollo salió de su mano derecha, su cabeza. El objetivo está claro. Agitar la coctelera para dopar las urnas con la demonización de Pedro Sánchez. Es el discurso único y unidireccional del PP desde las últimas elecciones. Sólo les valen si ganan.

La señora ha salido a vociferar que España vive en una dictadura el mismo día que murió Franco. Hay que tener muy poco respeto por la democracia, ninguno, para usar hasta el paroxismo semejante maldad mientras blanquean la figura del dictador, siguen sin condenar la dictadura en esas filas e ignoran los miles de asesinados que quedan en las cunetas.

Tampoco han andado finos en el Gobierno en la conmemoración de 50 años de libertad con la exaltación a la figura del rey como muñidor de la democracia. Franco murió en la cama, pero la dictadura se enterró en la calle. Lo malo es que sus herederos quedaron impunes.