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Vuelta la burra al trigo donde nunca hubo espigas, sino ortigas, vuelta de nuevo a un delirio «Emperador». Largo seguirá fiándose por más palabrita de Urtasun que vaya de honor en esta historia, porque ya en fiasco se inició este cuento de comprar con lo público un espacio que en lo privado valía nada sin nadie que pagara un chavo, teatro inútil de escayola y purpurina con lamparón para vanidad provinciana, gallinero ruinoso e inutilizable, butacas torturantes en patio plano, algo de palco para tortícolis del tenderón tonto presto a lucir alturas, escenario canijo sin fondo operativo, ni camerinos de pase, ni almacén de tramoyas, ni espacio de apoyo, ni na de na... todo eso que ya vio «Peridis» cuando le encargaron como arquitecto un estudio de viabilidad sin lograr verlo claro. Así que ese momio no valía los 4.7 millones que costó a los leoneses porque un alcaldete tocinete se tragó el cebo. Y si cinco años después quiso el Estado deshacerse de él sacándolo a subasta (y rebajándolo más de un millón) sin interesarle a nadie y quedar desierta, es que no lo valía, confirmando así la sospecha de que en su inexplicable compra pudiera haber mamandurria con bandurria «emocional», pues establece una vieja norma que todo lo que se compra con dinero público, si se pone a la venta al día siguiente o tiempo después y nadie paga más o siquiera que costó o lo adquiere por menos, es que la estafa vuela bajo como el grajo al que le suda el carajo... ¿será este el caso?... ¿cómo no pensar en porcentajes o corretajes que tanto dicta nuestra corrupción pandémica?... No fueron buenos principios, pues. Pero sí fue normal que después nos atropellaran los digodiegos, la inacción, la mentira, la promesa huera de alternantes políticos o la solución vaga o tontuela que todo listín haya querido ver llenándose la boca con un Emperador que, de haber sido Emperatriz, habría tenido quizá una mejor atención de género, aunque hoy le cantaría Sabina lo de «ahora es demasiado tarde, princesa», estrenándose aquí otra larguísima espera para ver en qué queda tanta palabrita de honor... y que en todo caso costará un fortunón... y no lo vale el viaje a este nuevo circo.