el rincón
Mano derecha
El oficio de mano derecha es muy peligroso. Tienen las manos derechas una irritante tendencia a vivir una vida independiente y no del todo ordenada. Son las grandes desconocidas, las manos derechas. Está el cerebro pensando en cosas serias, que si la vivienda, que si la geopolítica, y de pronto descubre horrorizado que la mano derecha no se ha subido la bragueta y va por el pasillo alegremente, exhibiendo con orgullo una mercancía que, pese a las ínfulas que algunos se gastan, rara vez justifica la ostentación.
Las manos derechas en ocasiones son un poco hippies y predican el amor libre, aunque sea pagando, y eso suele generar muchos disgustos y problemas de tesorería, sobre todo si les da por reservar habitaciones dobles o triples en un parador. No todas las manos derechas son iguales, eso es verdad. A otras les van más las empresas constructoras y disfrutan levantando grandes infraestructuras, pero también tienen sus momentos de esparcimiento y acaban comprando trajes de señora y merendando torrijas con helado en la cafetería del Corte Inglés. ¿Por qué no se limitarán las manos derechas a escribir con lápiz o a manejar el cambio de marchas? Ese es un misterio que tal vez la Medicina consiga desentrañar algún día.
A falta de vacunas efectivas, con frecuencia la amputación es la única solución para corregir una mano derecha que ha salido torcida. Sin embargo, hay organismos que se regeneran al revés que las lagartijas y a una mano derecha mala le sucede otra aún peor, en una cadena alocada de manos derechas que solo se puede atajar con el método Sánchez, o sea, de una manera dolorosa y fulminante: despidiendo a un señor que pasaba por ahí.