Lavanderas
El oficio de lavandera existió. Aunque muchos no lo crean hubo un tiempo antes de las lavadoras y de las lavanderías del american way of life en que estas mujeres proporcionaban la higiene y la olorosa colada. Con sus manos llegaban a romper el hielo que cubria los arroyos o presas en invierno y con su espalda doblada, y de rodillas, enjabonaban y frotaban hasta la blancura extrema las prenda
Habia lavanderas de oficio y todas las mujeres humildes, quien más y quien menos, eran lavanderas de su casa. Y recuerdo ir con mi madre a la manga del río Esla en Villaornate. En la misma pozaleta en la que nos bañábamos en casa —tampoco había bañera, ni ducha, ni lavabo y retrete— cargaba la ropa y la subía a un carretillo. A su lado íbamos los polluelos y polluelas.
Recuerdo que la ropa blanca, sábanas, toallas, prendas de interior, se tendía en el verde bajo el reluciente sol de primavera y espíngabamos con un caldero de agua cuando se secaba para darle más blancura. Al lado había una charca con ranas y jugábamos con el limo. Cuando vinimos a Armunia, a la orilla de León, ya había una lavadora sencilla. Pero la costumbre o la exigencia de lavar a fondo nos hacía ir al lavadero, un espacio femenino en el que las mujeres iban con sus criaturas más grandes o pequeñas. Las diferentes pilas de enjabonado, azulete o aclarado eran una diversión para las manos infantiles ansiosas de juegar con el agua.
La manga del río está seca y el lavadero desapareció bajo una Casa de Cultura en la que no hay ni un recuerdo del beneficio que aportó a la comunidad y del trabajo que desempeñaron las mujeres.
En Llama, una pedanía de Boñar, han levantado un monumento en homenaje a los mineros encima de lo que fue el lavadero. Este es el orden de las cosas. Y mira que tengo respeto a la minería y a su memoria y a la cultura que nos debería ensanchar la mente. Es loable que un pequeño pueblo se acuerde del sacrificio de sus mineros, pero esperaría lo mismo de esas humildes mujeres anónimas sin sindato que a buen seguro lavaron allí muchas fundas y calzoncillos ennegrecidos por el carbón. Muchas fueron las que trabajaron también en lavaderos de carbón, oficio considerado menor en la mina.
Ni una calle se han merecido en León lavanderas, costureras, lecheras, criadas, nodrizas, cocineras... El orden de las cosas las ha dejado sepultadas en el olvido. Ese orden es el que sustenta las desigualdades y el machismo de baja intesidad. Y sobre este orden se catapulta el acoso sexual y todas las violencias machistas. Se confunde la igualdad con desempolvar unas cuantas burguesas con la manida frase de «adelantadas a su tiempo». Las otras, las de abajo, han parido y sostenido familias, el principal baluarte del patriarcado. Poco sabemos de lavanderas y de esas mujeres que se levantaron para reclamar el pan, en Palencia o en Valderas sepultadas en el olvido de los oficios infravalorados y el coraje sin más épica que la supervivencia de la prole.