Diario de León

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En mi casa, a la glorieta de Carlos Pinilla se la conoce como «la casa de la bruja». Hace un par de décadas, cuando los socialistas de Paco Fernández cimentaron el adefesio de hormigón, para retirar el paupérrimo vagón ferroviario que había puesto el popular Amilivia, uno de mis hijos bautizó así el mamotreto que ahora será derribado. Desde entonces se ha mantenido la denominación y temo que difícilmente llegaremos a un pacto de unanimidad para lograr una transición hacia otra expresión actualizada. Aquel monumento al feísmo, que suponía el vagón en medio de la plaza, antes de ser instalado fue debidamente pulido y pintado, pero seguro que si siguiera allí estaría ahora lleno de óxido. Es lo que tiene el paso del tiempo cuando no hay un mínimo mantenimiento. Sobran rincones y cosas en la ciudad para poder comprobarlo.

Pero resulta llamativo lo contrario. Ese tono terroso al que se nos condena en los últimos tiempos en la capital de la provincia por todas partes. Cuando ya en el día de la inauguración se esparce sobre algo carcomido y oxidado la bendición de las autoridades sobre los dineros públicos de pólvora ajena. Para la rotonda de Pinilla se anuncia «acero laminado, con un proceso de fabricación que incluirá el corte láser, curvado, CNC, soldaduras y acabado uniforme». Reconozco mi absoluta ignorancia sobre todo esto de carácter técnico, y también sobre la calidad o no de una escultura, pero confío en que el producto final sea algo que brille. León está sobrada de caspa, óxido y carcoma como para que se siga apostando por sumar en más glorietas esa especie de obsesión por los leones decrépitos.

El plateado del acero brillante ha quedado limitado a esos mástiles del puente de los leones que, durante meses, fueron un monumento a la inutilidad. De momento han recuperado las banderas pero parece cuestión de tiempo que quedan abandonados como una invitación a buscar alguna chanza o metáfora de las frustraciones de esta tierra.

Quizá habría que repensar en dar brillo y esplendor, al menos, a la imagen del Viejo Reino que parece oxidado...

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