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Por motivos estrictamente profesionales, me hice una cuenta en TikTok para ver a Enrique Ponce bailando como Michael Jackson y comprobar que salir con alguien que está en la universidad rejuvenece las articulaciones más que el colágeno. Ya saben, la edad es solo un número. Hecha la verificación pertinente, cerré la cuenta: bastante atrapada estoy por tres redes como para que me pille una cuarta.

Pero voy a tener que volver a abrirla: quién quiere perderse a Pedro Sánchez haciendo un recorrido por Moncloa «en plan Isabel Preysler», a Feijóo contando que su primer coche fue un Renault 5 GTL de segunda mano o a Pilar Alegría vestida de apicultora. El contenido que nos merecemos.

Durante décadas, la paliza política era de temporada, y la liturgia estaba clara: besar a los bebés, pasearse por el mercado catando quesos aun siendo alérgico a la lactosa y terminar en un mitin con eco de polideportivo. Ahora, la competición ya no acaba en la urna, sino que se extiende en el tiempo y en TikTok. Lo siento por los jefes de prensa, esos que soñaron con los discursos que Sam Seaborn le escribía al presidente Bartlet en ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’ y que han terminado grabando a sus señoritos en vertical. Mira, como los pobreticos que graban a sus novias ‘influencers’.

La batalla se da en las redes porque cada ‘like’ es un voto potencial. Pero, si se pierde, no pasa nada: la nueva puerta giratoria de la política es la creación de contenidos, sea lo que sea eso. Sánchez no tendría rival enseñando pisos, Pilar Alegría está a dos publicaciones de anunciar cremas para pieles maduras y Feijóo a una de sustituir a Antonio Lobato. «¿Quieres saber cuánto vale tu coche?», preguntará. Conmigo va listo: no conduzco.