ZORRUCAS
Ya he hablado del asunto en otras ocasiones. Pero como la evolución y las novedades en este campo son un poco como el rayo que no cesa, endulza volver sobre ciertas cosas. Sobre todo ciertas cosas del Reino de las Sensaciones del Gusto. Panes y dulcería ponen hoy a Santa Lucía, la que fuera importante población minera, en la geografía del buen hacer, además de convertirse en generadores de empleo. Los únicos, que uno sepa. Julio y Alfredo, Alfredo y Julio. De los dos he hablado en algún momento y a ambos me refería también por traspasar las fronteras de lo empresarial para poner el acento en lo puramente humano, llevando el pan nuestro de cada día a los rincones más apartados de la montaña en tiempos de duros episodios de nieve. Por ejemplo.
En esta ocasión me quiero referir a una iniciativa de Julio y su «Panadería y Bollería Robles», apellido que vincula la memoria de una larga tradición panadera, también de bollería en tiempos más recientes, en ambos casos de selectiva variedad y alta calidad. Sabor y delicadeza. Pastas a base de «harina, azúcar, mantequilla, huevos, sal, limón e impulsor», las últimas en llegar al curioso que teje los gustos que conectan con la memoria de lo primigenio y auténtico. Y un envoltorio sugerente y atractivo con fotografías del pueblo, el escudo que lo identifica y la santa que le da nombre. Buen motivo de consumo y de regalo. Y es que uno tiene la sensación de que en el fondo hay un homenaje simpático y desenfadado al pueblo donde se asienta su quehacer diario. ZORRUCAS se llaman las pastas y tiene que ver el nombre con el mote colectivo que reciben sus habitantes, zorros, mote zoomórfico en este caso, que son los más habituales por estas tierras montañosas.
He escrito con frecuencia sobre el tema, que con el tiempo cristalizó en un librito titulado Motes colectivos de Gordón. En él se explican, en el caso que nos ocupa, las curiosidades del origen de tal nominación, algunas anécdotas y unos versos que recuperé de una prácticamente desconocida tradición oral. Estos: «Cambie de noche o de día, / cambie cara, ropa o gorro, / siempre habrá en Santa Lucía / monte, carbón y zorro». Se reproducen ahora debajo del nombre, junto a una fotografía de animal tan astuto. Y esta es una segunda alegría: la incorporación de estos versos a la alegría del dulce no es para menos. Siempre son de agradecer iniciativas de estas características, que sobre todo honran a quienes las toman. El esfuerzo de buscar en los laberintos de la historia tiene a veces satisfacciones como esta.
Esto obliga a cerrar hoy estas Hojas con una postdata. En la tradición olvidada del pueblo con nombre de santa y luz hay un pasaje de finales del siglo XIX y quizá algunos años del siguiente que se somete al enunciado de «El Corazón Rojo de Piedra». En él, por tener origen italiano, aparecen dos dulces de aquel país en nuestro territorio: los fritelli y las ciambelline. Un día nos acercaremos a esta historia. Que aproveche.