LEÓN EN VERSO
El silencio es de los humildes
Los silencios largos ahogan la radio comercial y barnizan de brillo la ignorancia; mejor callar y alentar sospechas de necedad que hablar y acabar con las dudas. Los silencios construyen grandes teorías que bastarían para poner colorados a los gobiernos que no saben qué se ha de callar para mantener a los ciudadanos de rodillas. Los corifeos hablan como cotorras mientras la ignominia de la gestión sube somo el suflé por encima de la música del telediario. Iban a darnos galletitas con el postre y resulta que ofrecen mazapán de primer plato. De todos los silencios, el más oportuno deriva de callar a tiempo. El de la gente prudente, que tiene nulo recorrido en la esfera pública, porque la templanza no sabe de selfies. De todos los silencios, merece estatua de mármol el que inspira la humildad, que viene a definir al que calla de sí mismo. Hay excepciones de esa inspiración, porque es evidente que si los señores ministros u otros políticos de esa ralea se mantienen mudos no es por recato. Callar los defectos ajenos lo llamaron caridad con el semejante; la caridad es una de las virtudes teologales, que prepara para abrir la eternidad sin cargas de conciencia en la celda de los ansiosos. Los que callan las debilidades tendrán un hueco en el reino de los cielos en justo pago a los comprensivos. Los héroes callan arrastrados frente al dolor. Antes de declararse férreo defensor de la disciplina del silencio, habría que medir las horas que estamos dispuestos a hablar de ello. También el silencio relata las mentiras más crueles, mientras la humanidad se adentra en la senda de los locuaces que desconocen el secreto de los discretos. El éxito es más contundente cuanto menos se habla de él. De los tópicos sobre la elocuencia de la sabiduría, llegan ensayos sobre aquellos que no entienden las palabras porque no entienden los silencios; que las injurias se combaten con silencios; que los silencios estorban; que los ríos profundos suelen ser silenciosos; el silencio engendra la verdad. Una tragedia enorme llenó de muerte la vía del tren. Una oportunidad de oro para que los charlatanes del Gobierno eligieran el silencio. Por respeto. Por humanidad. Ni por esas dejan de echar la lengua a pacer.