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La película se llama Las horas, y cuenta la historia de tres mujeres en distintos momentos de la historia y el efecto que tiene en ellas la novela Mrs. Dalloway, de Virginia Woolf. Lo mejor no es solo la interpretación de Meryl Streep o de Nicole Kidman, sino la banda sonora de Philip Glass. El músico estadounidense, a punto de cumplir 89 años, clava la música para películas (escuchen la de «El show de Truman»), los conciertos para piano o violín, las sinfonías; en directo es un coloso, pero su última decisión musical es el silencio. El compositor ha cancelado el estreno mundial de su nueva sinfonía «Lincoln» en el Kennedy Center de Washington porque «los valores de su obra entran en conflicto con los del centro».

Todo empezó hace un año, cuando Trump tomó el control del icónico espacio; entonces destituyó a los miembros de la junta y puso a sus afines, los mismos que hace unas semanas aprobaron incrustar su nombre en la pared para rebautizar el edificio como «The Trump Kennedy Center». La programación se ha sustituido por obras afines a las ideas MAGA, eventos de simpatizantes republicanos o incluso un acto de vigilia por Charlie Kirk. En este contexto, la Ópera Nacional de Washington anunció que abandonaba la que ha sido su sede durante 50 años, y ahora Glass se planta ante el trumpismo con su silencio. Un artista es libre de actuar donde le plazca y el público de comprar entradas para acudir donde quiera, pero esta espantada de los lugares que eran comunes habla de algo más que de afinidades escoradas.

La apropiación cultural de la política no es nueva, y tampoco es nuevo que un autor prefiera no asistir a según qué cita o congreso en función de quién está en la agenda, como ha sucedido con David Uclés y el festival Letras en Sevilla. Las ausencias son un mensaje, pero el mutis del compositor nos advierte de otra cosa: la sinfonía «Lincoln» (cuyo estreno estaba previsto en junio) era un encargo para conmemorar los 250 años de la Declaración de Independencia de EE UU en 1776, así que de lo que estamos hablando no es solo de un posicionamiento político contrario al republicano, sino de algo más preciso: qué entendemos hoy por independencia. Irnos de los sitios donde no queremos estar o quedarnos para enfrentar lo que nos agrede es la cuestión que muchos debatimos, ya sea en silencio o a todo volumen.

Y aunque el Kennedy Center nos quede lejos, allá en Washington, entre el lago Potomac y el mítico hotel Watergate, basta con elegir qué música escuchar, qué cadena de radio, qué película o qué redes sociales ver para entender que está más cerca de lo que pensamos.