Diario de León

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Que no... que no nos vendan como «patrimonio cultural y emocional» de los leoneses ese teatro, que no lo es... que no, que nunca valdrá la pena la dinerada que costará rehacerlo, desfigurarlo y reinventarlo... que no necesita esta ciudad otro chiringo escénico para fundir más dineros en artistas que se lo llevarán crudo muy lejos... que no nació este enredo de una buena compra, sino de negocio espurio que le valió a su propietario venderlo por quince veces más de lo que ni siquiera valía en el mercado gracias a encontrar a unos políticos municipales que tragaron como mirlos lerdos el anzuelito encaramelado prometiéndose fiestuqui y medallita... que no viene presentando ningún déficit cultural esta ciudad por llevar cerrado veinte años ese momio entre el limbo de la ineptitud institucional y la dudosísima rentabilidad del derroche que exigiría... que no tiene el dinero público por qué despilfarrar en aquello que el negocio privado ordeñó y ya no ordeñaba a conveniencia... que no... que no, señores de la sala, que no vale este viaje tanta alforja como pide «El Emperador»... y lo digo y mantengo desde lo mucho que podría dolerme en mi memoria las emociones que personalmente tengo embalsamadas en ese teatro y que viví a modo en todos sus ámbitos y tripas, desde los torturantes asientos baratos que poblábamos los guajes en el gallinero a las butacas del patio donde ensayar manitas y ensoñación juvenil, desde los camerinos donde entrevisté a tanta renombrada gente de la música o la escena a las bambalinas desde las que seguí tanta comedia o drama duplicándome así el gozo al ver también el teatro que había tras ellas y el beso que allí me cayó de una actriz meritoria... incluso canté de niño sobre esas tablas a las que tiempo después haríamos subir a Darío Fo en la Semana Internacional de Teatro que montamos en los 80. Así que puedo ciscarme en el «patrimonio emocional» que me toque y que jamás revivirá la morterada que ahí piensen enterrar, recursos que está exigiendo León para otros fines, pues tanta reforma, mantenimiento y posterior espectáculo harán de ese teatro un gran sangraeru... y a nosotros, gilis o paletos.

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