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Estuvieron calando el ojo unos años en aguas del Torío y Sil para averiguarle una ponzoña concreta en sus aguas, esos microplásticos que todo lo invaden haciéndose plaga global si viajan en la corriente fluvial que va a la acequia agraria, al suministro urbano, al río madre y llegan un día al mar para acabar como serrín venenoso en las agallas de un bacalao o las entrañas de cualquier crustáceo. Peste plástica. Es mundial. El estudio lo firman Cruz Roja y la asociación Hombre y Territorio (colaboran Seo-BirdLife y Ecoenves), desarrollando una «red de seguimiento de microplásticos mediante ciencia ciudadana» que ha implicado a 54 voluntarios cuatro años en el Torío y dos en el Sil. Ya se sabía que tenemos todo inundado de microplásticos, pero este estudio le pone datos a la cara del monstruo aquí al no haber ya rincón ni vida natural en este planeta libre de rastros de ese veneno, escamitas de plasticorro que inundan nuestro día a día en sus diferentes formas y tipos (polietilenos, polipropilenos, poliésteres, vinilos, poliuretanos...). Material barato y desechable. El progreso de las últimas décadas cabalga sobre ese jaco tóxico. Toda industria lo necesita y ya nunca podrán apearlo totalmente de nuestro tren de vida, así que seguiremos añadiendo nuevos microplásticos a todos los que ya se sembraron, serrín que tardará siglos en degradarse o milenios en desaparecer definitivamente. Hasta en nuestra sangre corren ya.

En ese estudio hay algo especialmente inquietante y culpabilizador. El 75% de los microplásticos hallados es de origen textil, serrín de tejidos. ¿Y cómo llegan hasta el río si ya nadie lava la ropa en él ni en presas ni lavaderos?... Las lavadoras son hoy su fábrica y su bataneo tritura fibras sin cesar. Y si el agua de sus lavajos llega al río, hace evidente algo terrible: no hay dios que la depure porque sigue habiendo pueblos sin depuradora meando y cagando en el río por su puta cara sin que nadie les objete como sigue ocurriendo en tantos lugares de nuestra montaña y riberas. Eso sí, hubo dineros para farolas marbellíes en sus plazas, rotonditas a la entrada o áreas deportivas que nadie usa... ¡pa matalus ye!...