Diario de León

LA SEMANA POLÍTICA QUE EMPIEZA

Fernando Jáuregui

Fernando Jáuregui

Algo parecido a un elogio a Pedro Sánchez

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A estas alturas, no me cabe la menor duda: Pedro Sánchez sabía, en la noche larga del sábado, que la actriz premiada en los Goya, la gran Susan Sarandon, iba a repetir, ante millones de telespectadores y en directo desde el Centre de Convencions Internacionals de Barcelona, los elogios al presidente español como figura mundial que se coloca ‘en el lado correcto de la Historia’. Para algo tendrían que servir tantas decenas de asesores.

La noche de los Goya fue la del triunfo de Sánchez, más aún que la de la directora de ‘Los Domingos’, Alauda Ruiz de Azúa. Y, ante el photocall y las cámaras, el jefe del Gobierno de España, yendo bastante más allá que sus colegas europeos —que no contaron con él, por cierto, para emitir su comunicado conjunto ante la alarma internacional por el ataque a Irán-, Pedro Sánchez condenó sin paliativos el ataque trumpista —este adjetivo no lo empleó, claro, esa «acción militar unilateral» contra el régimen de unos ayatolás al que, por supuesto, Sánchez también condenó, cómo no hacerlo.

Trump prometió acabar con esa guerra en un mes y ya ven cómo anda el balance del candidato al Nobel de la Paz: el año y poco más de un mes que lleva el mandatario de la Casa Blanca en su segundo período presidencial ha supuesto quién sabe cuántos muertos en Gaza, en Venezuela —en el episodio de secuestro de Maduro-, ahora en Irán. Y quién sabe cuánta gente podría literalmente morir de hambre en, por ejemplo, la ‘sitiada’ Cuba, que ahora Trump quiere, como si fuera Groenlandia, comprar para ‘dársela’ a su secretario de Estado, Marco Rubio. Lo digo así, sin mayores florituras. Porque así de pedestremente funciona ahora la ‘diplomacia’, es un decir, de la mayor potencia occidental.

La verdad, no me atrevo a elogiar abiertamente la posición que Pedro Sánchez se está buscando para sí mismo, como principal crítico de ‘los actuales’ Estados Unidos, aunque en Washington no parecen conceder mayor relevancia a lo que se diga desde La Moncloa, la verdad. Uno, a veces, se siente identificado con las críticas ‘sanchistas’ a ese Israel sin alma, a ese ‘truimpismo’ sin reglas, sin caridad y sin educación, a esas tesis últras’ que se van adueñando del lenguaje y los planteamientos en todo el planeta.

Lo que ignoro, lo que el mismo Sánchez ignora, es el precio que habremos de pagar por este posicionamiento nítido contra el despótico amo del imperio y sus principales aliados.

Como observador quizá algo casual, pienso que a medio plazo acabará siendo inevitable un enfrentamiento abierto entre Trump —no digo los Estados Unidos— y una Unión Europea que claramente teme, al tiempo que aborrece, al arbitrario líder republicano. Y entonces, si es que Sánchez logra sobrevivir políticamente hasta entonces, a saber cuál será el papel de la diplomacia española en el concierto mundial. Hoy por hoy, la verdad es que todo se reduce a unos cuantos ‘tuits’ en X, que es la vía que Sánchez y su ministro Albares utilizan para comunicarnos sus posiciones. Y que, como todo el mundo sebe, sigue siendo la oficialmente aborrecida red social del oficialmente aborrecido Elon Musk.

De momento, lo que importa, parece, es el elogio de la gran dama Sarandon: hoy por hoy, las loas al presidente español tampoco es que abunden mucho precisamente, sobre todo en el interior de su propio país.

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