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Cada nuevo libro del filósofo leonés Alfredo Marcos nos ofrece la luz de una razón sin eclipses, en la que el Bien no ha sido desterrado. Catedrático de Filosofía, en la Universidad de Valladolid, le conocí tras leer su ensayo La belleza humana (Eolas). Ahora, ha publicado ¡Date tiempo! Consideraciones filosóficas para una temporalidad con presente (Comares). Es hijo de Alfredo Marcos Oteruelo, quien fue director de este periódico, aunque cuando le traté ya había dejado el cargo; te incorporas a la vida laboral y coincides con quienes están en la última etapa de la suya; entonces no te das cuenta del regalo que es compartir tiempo con ellos, que ahora desearías haber aprovechado mejor. Y ahora es a mí a quien las nuevas generaciones me miran como a un petroglifo. ¿No es misterioso el paso del tiempo? Sentados ante un café, Marcos me explica que simplificamos a percibir este como una línea recta. Aboga en su libro por vivir con una concepción de lo temporal que contenga serenidad, paciencia, autodominio, justicia, moderación…y humildad y caridad, todo ello bajo la armonización de «la prudencia». En definitiva, sin la dictadura de la inmediatez y de lo efímero. Me apunto. Ojalá los telediarios que nos queden sean así. Cuando le pregunté si la filosofía consiste en preguntarse cómo ser feliz me contestó: «y en cómo hacer que los demás lo sean». Y es que considera que uno de los cometidos de un filósofo es explicar qué es un ser humano; aunque —en mi caso— sin sabiduría, también lo es de un juglar de columnas… o, al menos, intentarlo.

Marcos colabora en un grupo europeo que prepara un informe sobre el uso ético de la inteligencia artificial. El futuro es ya. El lunes participará en los debates filosóficos del ILE, con «Nuestro tiempo acelerado». Y el día 18, hablará sobre la agenda 2030, en la Biblioteca Pública. El tiempo es oro, y el suyo una mina de reflexiones que comparte con generosidad y lucidez. La piedra filosofal aún es el amor.

Lo dijo el buen Gandalf: «Todo lo que tenemos que decidir es qué hacer con el tiempo que se nos ha dado». Y parte del mío lo dedicaré a leer su ensayo ¡Date tiempo. Este leonés consigue iluminar la materia más oscura. Filosofía viva y sin eclipses.