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Quién iba a decir que las elecciones de Castilla y León fueran a dar tanto de sí. El triunfo del PP ha sido incontestable. Por una vez, los populares se cuidaron mucho de vender expectativas que suelen ser el peor enemigo de cualquier partido. Podría decirse que han protagonizado una campaña, para muchos, hasta aburrida pero con elementos clarificadores: mejor Gobierno en solitario y nada de pactar con el candidato socialista. El PSOE, gracias en gran parte al tirón de su candidato en Soria y su escaso entusiasmo por el sanchismo pudo tener una noche muy distinta a la de sus compañeros de Extremadura y Aragon. Una conclusión clara es que, más allá de pactos, el bipartidismo ha salido reforzado. Las espitas se han abierto entre los actores secundarios como son los partidos a la izquierda del PSOE, es decir, la extrema izquierda, y el no logro de las expectativas de la derecha de la derecha, es decir, de la extrema derecha. Ambos extremos están viviendo jornadas difíciles. Mientras reflexionan y siguen reflexionando, Pedro Sánchez es el único líder reconocible de la izquierda española. Les ha fagocitado y no es de extrañar. Unos encaramados a reflexiones que nunca acaban y otros, como Podemos sacando cabeza proponiendo lo imposible como es la salida de la OTAN. Con todo, la espita más sorprendente es la abierta en Vox. El descontento era previo, pero tras los comicios de Castilla y León lo que se ha abierto es la caja de los truenos con acusaciones tan serias como las referidas por Garcia Gallardo en relación a las finanzas internas que afectarían a Abascal y a su mujer. Los dirigentes de Vox, que son tres más los externos, han recibido la marejada con indiferencia e incluso desprecio. Pura soberbia, puro cesarismo y, por tanto, nulo sentido democrático interno. Si se creen estos dirigentes que esta situación no les pasa factura bien equivocadlos están. Lo curioso es que la crisis surge no cuando llega la derrota, que aún no les ha llegado, sino cuando están en posición de condicionar gobiernos, en este caso el PP que debe actuar con ojo avizor.