CUERPO A TIERRA
Pancastellanismo 2030
En cuanto a ideología territorial, Castilla y León es una comunidad invertebrada, a la que se entablilla el sentir identitario (sin resultado visible alguno) a través de chiringuitos de valores que tratan de infundir el pancastellanismo de pago, el «todos somos castellanos» a golpe de visa, que no de presupuesto, en fechas señaladas: política de campanario y efemérides. Y una entidad invertebrada en ningún caso, por más que insista la publicidad de Mañueco, puede denominarse «una comunidad de éxito», como no sea de éxito en el fracaso. A lo que ahora mismo se parece Castilla y León es a una familia desestructurada, con sus dos regiones viviendo de espaldas una de otra y sin visos de arreglo posible, pues no se aspira desde los despachos de la Unión a la menor convivencia dentro de la pluralidad sino a la imposición de un sentir único, ese pancastellanismo de garrafón que promociona incansablemente la propaganda de opinión de las fundaciones políticas subvencionadas por el ente autonómico.
Para 2030 se preparan actos para concelebrar la unión de los dos reinos en una sola entidad con ochocientos años. La historiografía se aviene a ese aniversario solo si se considera con trazo grueso, pues Castilla y León no se convirtieron en absoluto en entidad política unificada de hecho en 1230, como demuestran el mantenimiento de instituciones, leyes y cortes diferentes hasta el siglo XIV. Sí hubo la reunión de dos coronas en una, ambas bajo la testa de Fernando III el Santo, hijo de Alfonso IX de León, producida por unas disposiciones testamentarias y el acuerdo de compra con sus hermanas Leonor y Berenguela –como el que pretende Trump respecto a Groenlandia– de la renuncia a sus derechos a la corona leonesa, a cambio de rentas económicas y fortalezas.
A ver qué relato establecen los mayordomos y edecanes del pancastellanismo a la vallisoletana y erudición a la violeta. Seguro que no mentarán el rechazo de murallas cerradas al rey, las distintas reclamaciones del trono independiente de finales del XIII y mediados del XIV, o que en dicha centuria Alfonso XI todavía celebrara en León las Cortes de este reino. Mucho menos, claro, el constante rechazo popular que desde la imposición de esta autonomía y hasta hoy mismo vienen expresando los leoneses, a través de ayuntamientos, manifestaciones y escudos tachados en la señalética de todas las carreteras provinciales.