Gato come gato
La naturaleza silvestre va a su bola, pero sin olvidar que quien todo lo gobierna en el vivir y los andares es el hambre, la gazuza, el comer, el llenar la andorga como sea. Sólo después vendrá el descanso o el pensar porque «primum vívere, deinde filosofare». ¿Qué hace, si no, ese lince ibérico al que han bautizado «Veneno» frecuentando desde hace algunas semanas las calles del pequeño pueblo toledano de Cabañas de Yepes, especialmente de noche, pero también de día, y ahí se mueve con una tranquilidad insólita, se sube a una tapia, reposa bajo una higuera o se adueña de una rotonda sin que le incomoden la presencia humana o los coches, dedicándose, más que nada, a dar caza a los gatos callejeros que dicen comunitarios, que eran unos veinte —los cuida una alarmada y pía asociación llamada «Alma felina»— y ya sólo quedan ocho?... Los técnicos autonómicos del «programa lince» indican que no es probable que se los coma, pero lo cierto es que no ha aparecido ningún cadáver de los mininos desaparecidos. Siendo felinos los dos, vienen a decir que «gato no come gato» porque entre carnívoros no se comen a los de su propia especie o género como intuitivamente avisados de que podrían contaminarse con sus patógenos. Ya, ¿y dónde están los gatos que faltan?... ¿será que ese lince ya no dispone en su hábitat agreste de los conejos necesarios que son la base de su dieta?... ¿y por qué un gato no comería a otro gato si una sinfonía de tripas le lleva a la desesperación o, simplemente, a la manía o al vicio?... Se dice también de antiguo que «perro no come perro», pero como a toda buena ley, también la excepción la visita. Que se lo digan a Toño el de «La Venta la Tuerta» que vio en su día cómo a un mastín se lo mataron los lobos (cánidos como el moloso) y lo devoraron con un ansia desmedida hasta dejar todos sus huesos mondos y lirondos, ni hebrita pegada quedó. Así que podríamos concluir que ese gato-lince también podría comer gato lo mismo que antes lo comía a veces la gente apurada o lo hacía pasar por liebre el mesonero pícaro... ¿y no es verdad que en Valderas también llamaban al gato «conejo de tejao»?...