LEÓN EN VERSO
La juerga de Europa en León
La mayor transferencia de Europa a la cartilla de León entraba por el pasapuré de unos fondos que se desviaban a la extracción de áridos en Valladolid; queda la estatua a una cabra como ejemplo indiscutible de que la estrategia fue un éxito. Nada de lo relacionado con la grasa que manda Bruselas tendría que sorprender a estas alturas, más, después de lo que sabemos de la estafa piramidal, en la que estamos en la base (eurodiputados incluidos); también los otros políticos que cada mes de mayo, mientras los rusos celebran el desfile de la victoria, se afanan en izar la bandera azul del círculo de estrellas, en subir el volumen del tocadiscos con el himno a la alegría versión Miguel Ríos, afónico por el arreón de los mítines en la campaña andaluza, en la emisión de billetes de euros de pega con esfinges de los territorios locales, previamente saqueados, como sus gentes. Por lo que sea, los pobres no celebramos el día de Europa, que agita la brecha entre los paganos y las élites, entre los contribuyentes y el ejército de mercenarios de la UE que nos saquea, ajenos a las miles de víctimas que dejan las leyes europeas en la provincia; políticas que nadie de los que las sufren han elegido, ni han apoyado. Miren a ver dónde estaba colocado León, la población de León, las perras que había en León cuando Felipe nos metió en Europa, poco después del sarampión de la autonomía, y dónde está León ahora. Celebran la juerga de Europa que escenifica la máxima del liberalismo sobre la agilidad del poder, del Gobierno, para romperte las piernas y luego decirte: mira, te doy una muleta para que puedas andar. La PAC, por ejemplo, y no la de Ucrania, entra en este repertorio que después de asesinar al sector primario ofrece fresas del Magreb con bacterias fecales y chuletas de Surámerica con clembuterol para hacer un canto a los alimentos kilómetro cero. Qué esperar de un contubernio ideado por Kalergi cuando pensó que la teoría del reemplazo poblacional era lo adecuado para acabar con la gente que no se deja someter. Hace falta ser miserables para celebrar un estatus que aniquila todo lo que fue León; los mismos que en un año nos pedirán el voto.