Ese placer
No hay placer más ibérico que el gustazo de tumbar a quien se le aupó o al ídolo que exaltamos y fundimos con un pie de bronce y otro de barro, o destruir lo que uno construyó... qué gran placer... vicio viejo... universal, sí, pero nacionalizado especialmente aquí donde Caín compró un día su segunda residencia sin necesidad de tener que pagarla. Con Abel nunca se gana ni pa sebo ni pa borrega.
Hay fiesta hoy en la Plaza del Ajusticiamiento o de los Tullidos agolpándose la turba que goza con justicias de guillotina ante el cadalso donde a la Ayuso le van a cortar las alas y a Zapatero el ramonín. La presidenta madrileña está cultivando ya alguna antipatía zurda entre sectores de su partido por ir ella de divina garza con su insidioso pastor de gansos, ese que le mueve el gabinete y le calienta la oreja. Su desbaratado viaje a Méjico tocando las narices al mejica azteca vestida con armadura y brocados de Hernán Cortés ya le está pasando factura entre los celositos del Pepé, los del corifeo de Feijóo, su víctima principal en el espectáculo mediático e isabelino.
Y ahí se ve Zapatero también en la escalerilla del patíbulo como sin verse en otra como esta. Su imputación deja a la vista la navajita bandolera que guarda en su liga el Tellado, en su faja el Bendodo y en el escote Ester Muñoz. «El que pueda hacer, que haga», dijo Aznar, y... ¿quién no se apunta a la demolición?... le sobran jueces de la cuerda, ahora soga. Eso insinúan rasgándose la camisa dirigentes socialistas saliendo en tromba y proclamando la presunción de inocencia de su jefe a la sombra y su intachable hoja de servicios. El leonés es el primer expresidente que han conseguido sentar en el banquillo del que se libraron por los pelos Rajoy con la mandanga del Bárcenas y Aznar dos veces por aquellas ayudas mineras de la Junta en las que pringó por él Pérez Villar, y después con la industria tocinera de su delfín Rato o Cristóbal Montoro. Da igual cuál sea la sentencia final que resulte del procesamiento de Zapatero. Haberle sentado en el banquillo ya les da letra sobrada a sus enemigos (de fuera y de dentro) para que le entierren en coplas y chirigotas.