Una conversación pendiente
cada vez que se abre una fosa de la represión franquista la memoria fluye como un río detenido durante muchos inviernos. Cada vez que unos huesos de aquellas víctimas asoman entre la tierra se rompe un silencio pétreo. Se abren conersaciones pendientes. Es el momento en que las heridas empiezan a sanar al aire. Un soplo de libertad retenda y de memoria negada cose pedazos de historias desmembradas como los huesos de la fosa. Una convrsación que, muchas veces, es el fin de una culpa heredada, arrastrada generación tras generación como una losa sísifica.
Hace unos días el Parador de San Marcos fue el escenario de un acontecimiento insólito. Las familias de cuatro hombres fusilados el 18 de diciembre de 1936 recibieron sus restos después de un proceso de búsqueda, exhumación e identificación. En el mismo lugar donde estuvieron presos durante meses y del que los sacaron en una siniestra saca aquella noche. El concejal socialista y sindicalista de UGT Miguel Carro Llamazares, obreros como el linotipista y militante de las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas, Fernando Blanco Snadoval, de 25 años, o el ferroviario Mariano López López y profesionales como el joven abogado José Fuertes Martínez, atravesado por la metralla con 24 años fueron ‘sacados’ juntos de San Marcos. Eran simplemente demócratas. Me pregunto si se conocían antes de aquella noche fatal en la que su destino se unió al azar caprichoso de los verdugos, que ‘sacaban’ a los presos para asesinarlos en cunetas, montes y paredones. A estos democrátas se les negó un recibimiento en el Ayuntamiento de León, la casa de todas y todos. Con excusas peregrinas. León se envuelve a veces en las telarañas de la historia y no es capaz de mirar a la historia con honestidad. El episodio tuvo su justicia poética al aceptar Paradores que el acto se celebrara en el que fue uno de los campos de concentración más duros del franquismo. Actos como este se han celebrado, con la Corporación en pleno, en municipios gobernados por el Partido Popular, como ocurrió hace tres años en Mansila de las Mulas al rendir homenaje a todas las víctimas de ka represión fascista en la villa, o Ponferrada que contribuyó a aclarar el paradero de los restos del guerrillero Manuel Girón. El viernes 5 de junio, en el salón Quevedo de San Marcos, continuó esa conversación que sana la memoria. Los cuatro de Mansilla salieron a la luz de la democracia recuperada, aunque sin la justicia que aún les debe el Estado. Y junto a sus féretros, los claveles rojos y las palabras, fluyeron las conversaciones. Un amigo nos contó que su abuela, embarazada, también había estado presa en San Marcos y nuevamene nos estremecimos, como al escuchar la voz de Albina Pérez relatar lo que vio cuando entró con 11 años a llevar un boe.cadillo a su padre. El alcalde de León, José Antonio Diez, tiene una conversación pendiente con la memoria demcrática de la ciudad. Nos la debe.