Un seguro privado
La pregunta de un médico de Primaria a su paciente es una respuesta al colapso de un sistema que están dejando caer: «¿Y usted no tiene un seguro privado?». La ecografía, o lo que sea, iría más rápido. Los profesionales se sienten impotentes (o indolentes, según quien) ante la avalancha de consultas que precisan pruebas complementarias para hacer un diagnóstico. La otra salida son las urgencias, que también sufren el atasco sanitario.
La huelga de médicos ha retrasado nada menos que 40.000 consultas en España. La reforma del Estatuto Marco tiene en pie de guerra a una profesión esencial para el bienestar ciudadano y social. Muchas de sus reivindicaciones son sensatas y comprensibles. Pero hay una que me hace estallar la cabeza: quieren jornada ordinaria de 8 a 15 horas de lunes a viernes. El resto se tendría que retribuir aparte y sería voluntaria... O sea, puede darse el caso de que nadie quiera hacer guardias.
De esta manera, además, el privilegio de ejercer en la sanidad pública y en la privada quedaría blindado. El sistema público se vería aún más dañado de lo que está ya. Y quizá acabe por convertirse en un sistema marginal para las clases cada vez más empobrecidas y sin acceso a los seguros privados. Que los mejores expedientes de medicina y del examen MIR elijan Dermatología y Cirugía Plástica, especialidades sin guardias y en las que se pueden ganar buenos dineros en la sanidad privada, es un indicador del tiempo que vivimos. Pero no todo está en las notas. Detrás de cada profesional hay una ingente cantidad de dinero público que el Estado invierte en su formación.
La medicina, como casi todo, está en crisis. Se inventan programas de humanización asistencial, que casi siempre llegan de la mano de asociaciones de pacientes y familiares, mientras el humanismo inherente a una profesión que trabaja con lo más íntimo del ser humano, su cuerpo, escabulle la mirada de los pacientes, o se deteriora peleándose con los enrevesados programas informáticos que, como si fueran el lineal de un supermercado, cambian cada poco desde la central de Sacyl.
Sin duda, son muchas y muchos los médicos que ejercen con pasión y dedicación. Profesionales que te salvan la vida y salvan el nombre de su profesión por encima de la avaricia y la soberbia. Ocurre con mucha más frecuencia en el medio rural, donde la presión de las consultas es menor. Pero también en los urbanos. Los pacientes lo saben y les buscan. En cada centro de salud hay uno o varios médicos que tienen su cupo sobrepasado porque los pacientes saben que se entregan.
Cuando todos los huevos se ponen en la cesta de la IA, tal vez habría que empezar a pensar en pequeñas mejoras tecnológicas para que la Atención Primaria pueda contener de verdad la avalancha de peticiones de pruebas diagnósticas que, hoy por hoy, son el verdadero cuello de botella de la atención sanitaria. Y un filón económico para la sanidad privada.
Si se cae la sanidad pública nos caemos (casi) todos. El SOS debe ser por la sanidad pública.