Diario de León

Al trasluz

Eduardo Aguirre

Eduardo Aguirre

Maravilloso estrés

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Enrique Mendoza ha publicado un nuevo libro y quedé con él, intrigado por el estupendo título: Padre de siete, marido de una, y su subtítulo más que atrayente: Anécdotas y reflexiones tras 37 años de matrimonio. La vida personal y de este señor grandote daría para varios tomos. Fue unos de los primeros ingresados graves por la Covid, se las ha visto con el cáncer, tuvo responsabilidades en multinacionales, ha impartido docencia, asesoró a perjudicados por las preferentes… escribe ensayos y es un excelente articulista …dicho esto, la gran épica es ser esposo y padre, los dos pilares maestros de la obra. Granadino casado con leonesa. Conversamos al viejo estilo, sin sentar cátedra y con el corazón en la mano. En nuestra conversación me contó que su mujer llegó veinte minutos tarde a la boda. Maravilloso estrés. Señal de que no debemos ser supersticiosos, ni siquiera con la puntualidad. Llegar es importante, pero aún más permanecer. Escribe: «Este libro no es un manual de buenas prácticas, de un exitoso esposo y padre. No lo soy. He cometido y cometo errores que procuro identificar y corregir, no siempre con éxito. Lucho por ello. Sufrir es malo, haber sufrido es bueno», escribe con tierna sinceridad.

Los títulos de los capítulos son muy prometedores: «Educar no es una ciencia exacta», «La alegría de vivir», «Ser padres, no entrenadores» «Huellas, no cicatrices», «Huérfanos de padres vivos», «Ser feliz»… Nuestros libros más personales siempre contienen algo —¿lo mejor?— que no fuimos conscientes de que estuviéramos desvelando. Le deseo a Enrique Mendoza que su libro tenga buen navegar; lo tendrá, pues contiene valores muy necesarios y una carga de amor, que garantiza el logro del viaje. Una edición por hijo, qué menos.

Y sí, escuchando al lector, aprendes que él es quien termina lo que has escrito, suyo es aquello que sigue al punto final en la última página, suyo es el cometido de mantener vivo tu texto, o de olvidarlo. Quienes escribimos somos meros mensajeros, y usted al leernos nos escribe. ¿No es misteriosa esta interrelación? Siete hijos han supuesto sietes adolescencias, si no he sumado mal, uf… pero también siete entrañables enigmas, ayer, hoy y siempre. Maravilloso estrés.

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