FUERA DE JUEGO
No es lo que parece
Pocas cosas desarbolan tan fácilmente la presunción de inocencia. No me sorprendería que esta curiosa frase formase parte de los guiones de las míticas películas de Esteso y Ozores. Se me ocurren mil situaciones, y otros tantos episodios inventados, en los que cabría usarla.
Estos días la oímos en cada telediario, como una de esas fases que incluyen también el imposible, el desmentido, el malentendido, el nunca lo imaginé siquiera, hasta llegar al the end que asevera, como epílogo, lo de 'a ese casi ni lo conocía'... En esa huida hacia ninguna parte, tampoco falta el «nos odian». Cristiano lo dijo con razón. «Me envidian por ser guapo, rico y un gran jugador». Nada que ver con estos mercachifles que han sido penosos y cutres hasta para corromperse.
Odio. Sí. Que han elevado a la categoría de delito, pero limitado a los que no piensan como ellos. Pretenden colocárselo al portero del Sabadell por una gracieta de balcón celebrando un éxito futbolero. Con lo que se ha escuchado en otros episodios, con insultos, acusaciones sin ningún tipo de velo, difamaciones, generalizaciones...
Mientras, al alcalde soriano —penúltima sombra de corrupción— famoso por subirse a su papamóvil con la escobilla del vater endiosado como su jefe de La Moncloa, ni siquiera le llegó la multa por circular en un sillón atado al techo del coche. Quizá alguien dijo en Tráfico «no es lo que parece».
Estos días circulan datos sobre denuncias de delitos de odio. Como con los corruptos, eso no es relevante. La clave es cuántas sentencias hay en los juzgados. Ahí se pasa del parece al sí es. No con balances de acusaciones, más ideadas para verterlas en redes y en medios afines, sin ningún tipo de atisbo de prueba.
También pudo ser el título de esta columna un «esto está que arde». Ya tenemos ahí los incendios. La cosa pinta negra, negra... Quizá sirva el «no es lo que parece», pero la sensación es que son muchos los que se relamen antes de la cacería acusadora. Lo peor es su inconsciencia sobre hasta qué punto animan a los trastornaos, así tal cual, que al más puro estilo futbolero aguardan, como en el Mundial, lo de «calienta que sales...». Hay que odiar mucho para incitar a quemar el monte y poner en riesgo vidas...