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Hubo cazurros en Colón que se emplazaban por la bandera de León. En el nombre del Padre, aunque sea con el rito ortodoxo, como Djokovic, cuando la dictadura woke le puso en el busca y captura por no querer meterse el bicho de la pandemia china para el control de las masas. Santiguarse es lo contrario a bracear, a los esparavanes que cerraron otros mundiales, como cuando Salinas se entrepetó con Pagliuca, y amortajó a Clemente en vida para el funeral de Estado que le querían hacer los del clan de los Polanco y la Brunete. La otra noche, mientras la mitad de León estallaba entre cohetes de gloria, asaltó la nostalgia de Aragonés. De las lecciones magistrales en chándal mientras interpelaba a los discípulos, usted es mejor que ese negro, y tal, y del segundo no se acuerda nadie; y hacemos fiesta si ganamos. De Aragonés a De La Fuente, Españita ha engullido casi una generación entera en cambio radical: del puta selección a ponerse el traje para ir de boda, el blanco, la España camisa de mi esperanza, que dejó sin existencias de tela a Adidas. La importancia de llamarse Luis para manejar la fragua del fútbol nacional está a punto de fundar un tratado de esos columnistas que hoy niegan lo que juraron ayer sobre el libro Rojo de Mao. Por lo que sea, al asimilar la milésima que nos corresponde del gol que Ferran Torres repartió entre 47 millones de españoles, flotaban en el aire las hostias que le dieron al chaval por ser novio de la chavala de Luis Enrique. El cainismo inspira también la estrofa del sin León no hubiera España, que empezamos a entonar en la sobremesa de las cenas porque en el palco del Reino hostiga a la autoridad. España, que pusieron tanto empeño en negar y ahora se tragan horas en directo de hordas que jalean a la caballería. La fe lo explica todo. Si no, metáforas; la abeja y el panal es suprema. Será que Luis de la Fuente está dispuesto a comulgar con las hostias de todos los colores que invocaba Luis Aragonés para recordar a sus futbolistas de dónde venían sin tener ni puta idea de a dónde ir. Españoles vestidos de España. Tan empeñados en joderla y ahora se la tienen que jalar, y con la gente eufórica.