Diario de León

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Se me pasó el Tour de la France, ohlalá, y no atorré al lector con el repaso que siempre me pide no ya la prueba ciclista que hoy concluye con la poca emoción de tener un monstruo esloveno de inamovible comandante en jefe (Tadej Pogacar por quinta vez), sino el escenario que va cosiendo a golpe de pedal la «serpiente multicolor» y la mirada de halcón desde el helicóptero que sigue la narrativa de esa gran cita dando cuenta de lo guapo que aparenta todo ese país del que tanta cosa nos vino acá desde una Edad Media muy francesona por cluniacense y cisterciense, aquellos «monjes negros» con sus franquicias monacales como carrefoures benditos que acabaron extirpando al oriundo clero mozárabe tan odiado por unas reinas e infantas borgoñonas con las que se enchochaban los reyes leoneses desdeñando la aristocracia autóctona, francesitas ellas que aborrecían a los cazurros cuyos nietos les hacen hoy estampas para besarles el culo real por ver si así nos hacemos regios e imperiales como seña identitaria que nos diferencie de cualquier vecino, ¡válgame el cielo!...

Siempre exigí en vano que el Tour -o sea, la Francia que ahí se retrata- lo vieran como aula viva concejales, consejeros, técnicos, diputados, funcionarios y cualquier político para aprender a ordenar escrupulosamente el territorio, a mantener la arquitectura tradicional, a ensalzar su patrimonio monumental, a preservar sus paisajes forestales, a optimizar su campiña agraria eludiendo barbechos y baldíos, a mantener viejas carreteras arboladas, a abrochar lindamente sus pueblos sin esos derredores aquí tan comunes que juntan solares, desguaces, pupurri de naves, tallerers, chalets... en fin, que sigan con los ojos bien abiertos ese caminar, ese ver y ese aprender. Porque cuando ahora llegue la Vuelta a a España y su helicóptero nos muestre lo que hay y lo que somos, vendrán las odiosas comparaciones, las maldiciones y las vergüenzas, retratándonos aquí y allá con desorden, secarrales, cutrerío urbanístico, rotondas ridículas... y los grandes sudarios negros que van dejando por todo el país los incendios al amanecer de un infierno prometido.

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