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Llevamos meses mirando lo que hace el tenista murciano Carlos Alcaraz, más allá de su pillada en el entorno de Nápoles con el yate que seguro que Juan Carlos Ferrero no le habría dejado comprar.

Que si lleva el estuche de la copa en la final del Mundial. Aunque a la realización no le pareciera alguien a quien enfocar.

Que si entrena con una raqueta sin cordaje y con un bocado. Que si entrena con un ojo tapado. Tú qué sabrás. Pero lo de ese pelo ya no. Por ahí si que no se puede pasar.

Lo peor de la República Dominicana, además de la nacionalidad adquirida de algún notable sinvergüenza, siempre han sido esas chicas que volvían de viaje con las trenzas atroces creyendo que les sentaban como a Bo Derek.

Quiero pensar en idioteces. Y quiero pensar que no se va a presentar así en el US Open.

Ya se anunció la ropa para el torneo tanto de Sinner (algo parecido a la segunda equipación de la selección española de fútbol) como de Alcaraz, una camiseta y pantalones de baloncesto lilas con ribetes naranjas. Con las trenzas no contábamos.