CORNADA DE LOBO
Dios y la estaca
Qué amargo día para la razón el que encajó el eco del discurso de posesión del nuevo presidente de Colombia, ese tipo de apellido asturiano que se recorta la barba a cartabón logrando un aire de ginecólogo pervertido, aunque lo quiera disimular con sus enérgicos saludos militares sin llevar uniforme ni gorra y haciéndolo además sentado, algo que riza el colmo de la patochez que al militar profesional insulta.
Se puso original el tipo, pasó de tomar posesión tradicional en las instituciones de Bogotá, se pidió Cali, santuario de la coca financiera, y, como era preciso colar algo divino en el nuevo mondongo, llamó a Dios para que bajara y le bendijera a él, a Colombia y a sus amigos, así que invitó a intervenir a un rabino que masajeó a Yahvé acabando con un ¡viva Israel!, después a un pastor envangélico que les puso a todos a rezar como Dios manda y la corte pastoril de Trump ordena, a continuación a un sacerdote católico haciendo lo propio y finalmente a un monseñor para darse categoría jerárquica y pisto purpurado, todo esto bajo la presidencia de una gran Virgen de Fátima sobre un nido de flores blancas a la que sólo le faltó llorar rubíes para redondear el milagro y la protección celestial al nuevo mandatario que, ganando por los pelos, hace saber que ganó por la polla del Tigre con que se identifica. Y acabado el circo celestial, De la Espriella salió del recinto, se fue ante un batallón de militares con sus galas más floridas y allí pronunció su discurso de posesión pasando de dirigirse al pueblo en sus representantes y ofreciendo al militronchi una gran estaca bendecida con agua de peruco para que la usen a mansalva... y más a siniestro que a diestro, bien sabido que «ningún tonto se cae para su lado».
Es pura desvergüenza meter a Dios en contubernio estatal o político donde el César va sólo a lo suyo, aunque sin duda es más desvergonzado el silencio de sus iglesias y ministros que no consideran alineamiento tirano y blasfemo esta grosera utilización de Dios. Seguramente creerán que es muy bueno «pal convento» que el César les de vela en sus entierros tras ver que si la Virgen no llora, Dios olvidará su rayo fulminante.