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Quién detiene ahora la avalancha de niños insufribles, adolescentes insolentes y jóvenes que sólo cabalgan en el insulto violento, la burla y la desobediencia?... ¿es este un problema sólo de esta cultura occidental buenista o se ve también en chavales masais, nepalíes, afganos, mapuches?... ¿quién dio tanta licencia a lo salvaje?... Además los niños y jóvenes de hoy no leen (libros), pero no dejan de leer consignas e imágenes todo el día, horas y horas, pizarra móvil en la que encuentran lo que quieran aprender y que otros interesadamente les venden. Creen algunos que por no nutrirse con lectura tradicional atrofian y asilvestran su conducta haciendo de la selva su parlamento para tener leyes a medida. Y se alarma Nina Likke, escritora noruega de éxito e influencia: «Vi que, en aras de la igualdad, los hijos están al mando de una forma descabellada. La autoridad está muy denostada, y se ve como algo muy negativo. A los niños, en las familias y escuelas, se les da mucho más poder del que pueden asumir. No están equipados para decidir sobre todas las cosas». Pero es lamento viejo. Mira lo que decía Sócrates hace 2.400 años: «Nuestra juventud gusta del lujo y es maleducada, no hace caso a la autoridad ni tiene el mejor respeto por las personas de mayor edad. Nuestros hijos son unos tiranos»... O Hesíodo hace 2.700: «Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país si la juventud de hoy toma mañana el poder porque es insoportable y desenfrenada, horrible». O una tablilla babilónica de hace 4.000 años: «Nuestro mundo ha llegado a un punto crítico. Los hijos ya no escuchan a los padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos». No hay sorpresa si niños y jóvenes eligen hoy ser violentos; ¿quién no lo fue de joven?... ¿y no piden así esa misma violencia con ellos? (hágase así... y reglaméntese)... y entenderán algún día ese eco de Susana: «La vida es larga, la vida es dura, ¡tócame la vida», o lo que dice Javi: «Si la vida te da la espalda, tócale el culo», pues al fin y al cabo «Los hijos no obedecen; imitan»; tardarán en hacerlo, pero la vida les obligará. No se acabará el mundo por una epidemia cretina... sin olvidar que «a los 20, incendiarios, y a los 40, bomberos».