Diario de León

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Uf, qué ganas tengo de que llegue octubre. Siempre es el mes apoteósico en mi casa, pues Marta y el juglar cumplimos años, con tres días de diferencia; pero es que ella además tuvo la buena puntería de nacer el día de San Eduardo. Pero esta vez hay algo más: de aquí a dos semanas estaré volando a Chicago, para leer mi ponencia La ternura humorística en el Quijote, en el congreso de la Cervantes Society of America. Mi lectora centenaria ya habrá saltado: «Pues nada, mozo, no deje la maletina para el último día». Ya la tengo echa desde enero, en esto soy muy prusiano. Nunca he hecho un viaje tan largo para una estancia de solo dos días, los que dura el congreso, y otros dos en el vuelo. Por supuesto, tengo ya escrita mi intervención, a falta de un quítame allá esas comas, o de eso que añades o quitas a última hora, y que siempre es para bien. Esta vez, Marta no viajará conmigo, pero me esperará en Patatas Blas. Espero que octubre no se retrase. Dicen que pronto la inteligencia artificial te mandará de un puntapié a donde necesites. Para eso, casi mejor voy andando, aunque cuando llegue el congreso haya concluido hace una década. Lo importante es llegar.

Por cierto, este lleva el precioso título genérico de Cervantes alegre, regocijo de las musas. Quién sabe, a lo mejor aparece por allí Jennifer López, llevo años citándola en esta columna. Sería un detalle. Sí asistirá una muy querida amiga leonesa, aunque esto ya lo contaré en su día.

Mi dilema no es la maletina, sino otro: me gustaría concluir la ponencia con un toque de humor, pero tengo mis reservas. Pese al tema del congreso, a lo mejor allí son más circunspectos. Sonreír es siempre un buen final. Sí, pero ¿y si no les hace gracia? Tampoco me atrae la idea de ser manteado en el hall de la Biblioteca Newbwewberry. Pero aún menos quiero pasarme la vejez reprochándome : ¡cobarde, debiste terminar con aquel gag!».

De momento, tengo una ponencia y dos finales distintos… con 15 días para decantarme. Ya veremos. No todo lo puedes decidir con pinto, pinto, gorgorito. Mientras me debato tal Hamlet, Marta insiste: «Ni se te ocurra fichar por los Chicago Bulls». Contesto: «Tranqui, ya sabes que a mí el golf…» Ah, octubre. Ah, la vida.

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