PANORAMA
Confianza

Revisité la irregular aunque estimable película 'New York, I Love You' (2009). Está realizada por 11 directores, cuenta con un reparto de lujo y consta de pequeñas historias que en varios casos son encuentros entre personas desconocidas. Uno de los temas de la película es la confianza mutua que surge en un momento dado entre personas que no se han visto nunca. Confianza en el sentido de fiabilidad o de confidencia.
La confianza es uno de los elementos esenciales que han de darse en las relaciones humanas, en las que superan el ámbito de los meros intercambios sociales. Lo es también en las esferas colectivas, pero centrémonos en lo personal. La confianza como el territorio en el que llegas a mostrarte al otro tal y como eres realmente en buena parte (del todo, quizá uno no llega a revelarlo ni a sí mismo), con tus pequeñas grandezas, debilidades y miserias, porque sabes que el otro te acepta así y a cambio te entrega el mismo margen de confianza: un juego limpio.
Quienes han tenido la dicha de mantener una larga relación sentimental que funciona, valoran como uno de los mayores logros el haber conseguido con su pareja ese grado de confianza, irrepetible con una nueva persona si ya has llegado a la frontera con la vejez porque es el fruto de largos años de forja; de la generosidad de alma que aporta la mirada indulgente hacia el otro desde un amor profundo, si es que este existe fuera del arte de la ficción.
También resultan valiosos esos momentos de confianza que se tienen a lo largo de la vida con perfectos extraños con los que sin embargo, por una intuición o especial facilidad para comunicarnos, por tener que ver, llegamos a la confianza de la confidencia. A muchos nos ha pasado en viajes solitarios, con un desconocido en un bar o por circunstancias inhabituales que te ponen de repente en obligada comunicación con una persona. Quizá sólo se deba a que puede ser fácil contarle una cosa muy personal a alguien porque es un desconocido que nada más sabe de ti y al que lo más probable es que no vuelvas a ver. No obstante, esos breves soplos de intensa comunicación tienen algo de mágico, de lo que resulta especial y anima a tirar los dados del juego de la vida.
Otra historia es la confianza propia, la confianza en uno mismo.
Como sucede con personas allegadas de presencia intermitente a lo largo de la existencia, puede llegar a perderse y a recuperase varias veces.
Conviene no perderla, si uno es capaz de mantenerla porque en verdad se la cree. La confianza en uno mismo (no confundirla con arrogancia, prepotencia o estúpida ceguera) es el reducto final de fuerza y convicción que te permite resistir y que te hace levantar cada vez que caes cuando un golpe de la adversidad te derriba.