Diario de León
Urólogos Hospital HM San Francisco

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Permítanme que les cuente una anécdota relacionada con el meñique de mi mano izquierda. Un dedo que se me inflama y me duele por causas aún sin diagnosticar: lo mismo puede ser artritis que artrosis, me dicen.

Igual un proceso reumático que una disfunción del nervio cubital, esté tal nervio dondequiera que esté. Se trata, pues, de un meñique sometido al misterio, extremo que nadie sospecharía de un meñique, que, por su tamaño, debería ser un ente anatómico que pasara por este mundo sin pena ni gloria. Bien. A causa de un dolor persistente en la rodilla derecha, el médico de familia me derivó a un traumatólogo. Aquí en mi pueblo somos unas 30.000 personas, casi todas ellas con meñiques y rodillas, y en verano sumamos unas 90.000, todas ellas dependientes de un centro de salud muy básico en el que a veces no hay ningún médico en el servicio de urgencias, dado que la urgencia es un concepto relativizable. Para ser atendidos por especialistas, nos vemos obligados a desplazarnos al hospital de una localidad vecina, con la particularidad de que se trata de un centro concertado, lo que significa que los especialistas son en su mayoría presuntos, al tratarse en muchos casos de jóvenes médicos en prácticas que experimentan con los pacientes sin la supervisión del verdadero especialista, que puede estar ejerciendo, a varios cientos de kilómetros, en otro hospital de la misma empresa. ¿Telepatía? Es posible.

Pero a lo que iba: al cabo de un par de meses de la petición, entro en la consulta del presunto especialista. Le entrego el informe de mi médico de familia, que él mira con la displicencia con que se ojea el poema que algunos buscavidas líricos depositan en las mesas de los bares. En el informe se indica que se me deriva por gonalgia, que suena a enfermedad de transmisión sexual, pero que significa "dolor de rodilla". Le comento que se supone que es artrosis o artritis y le muestro, a modo de ejemplo, mi meñique inflamado. Me deriva entonces a radiología para que me hagan una prueba de imagen del dedo. "Qué profesional tan meticuloso", me digo. Me hacen la radiografía. Vuelvo a la consulta. "No se ve nada anómalo", me dice. "Estupendo entonces", y añado: "¿Vemos ahora lo de la rodilla?". Me mira extrañado: "¿La rodilla? No, yo solo le miro hoy el dedo. Para que le mire la rodilla pida usted cita de nuevo con su médico de familia". Hay quienes pierden los nervios ante estas situaciones que concilian la medicina con el surrealismo.

A mí me dio por reírme.

Y así vamos: cuando la sanidad se degrada a negocio, cada cita cuenta. en concreto cuenta en la cuenta bancaria de la empresa que comercia con nuestros meñiques, con nuestras rodillas y con nuestra paciencia.

Pero como llegue el día en que nuestra salud dependa de nuestro bolsillo nos vamos a divertir. Mucho.

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