Diario de León
PARIS (France), 02/10/2026.- A pedestrian walks past damage in the aftermath of clashes occurred between riot police and demonstrators during a high school students' protest against education conditions in Paris, France, 02 October 2026. (Protestas, Francia) EFE/EPA/Firas Abdullah

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Arde el titular que se comentó entre los acampados de Sol: «Las protestas estudiantiles se extienden por Francia mientras el Gobierno acusa al partido de Mélenchon (La France Insoumise) de alentar la violencia urbana». Nació la bronca en París (¡cómo no!) y ya va por Estrasburgo, Lille, Lyon, Nantes, Marsella... los estudiantes claman por la falta de medios y personal, recorte de becas o discriminación en zonas apartadas, el grito se hace bronce, arden centros, contenedores, buses o el camión de los bomberos, ahostian a directores, agreden a la poli y hay casi tres mil detenidos. Pero no habla la noticia de si vuelan adoquines buscando romper el tarro de los guardias, resucitando así la consigna de aquel Mayo del 68: «Sous les pavés, la plage» (bajo los adoquines, la playa). Estos chavales de la indignación son los nietos de los chavales de aquel tiempo y de aquel Mayo, confirmando una vez más que los hijos odian a los padres, pero imitan a los abuelos. La acampada en la Puerta del Sol tiene algo de eso, un grito ante la que era entonces sede de la DGS con sus calabozos y torturas y hoy sede presidencial donde reina Ayuso, señora que señorea. La vivienda es la disculpa o detonante, pero hay más: «de la insatisfacción a la insumisión». ¿Y qué profetiza este grito? ¿Qué vendrá ahora? ¿Qué hecatombe o desintegración del Estado con que se alarma Feijóo?... ¡menos lobos, camará!...

Hablamos, pues, de los nietos del 68, aunque aquí quizá hay que redefinir y decir mejor de las nietas; lo dicen análisis y cifras de nuestra juventud en la que los chicos amplían su ropita o ropón de derecha anti-todo y antifeminista, diciéndose liberales o anarcocapitalistas, niegan los impuestos, se cagan en un Estado que no les sirve de nada y se confiesa católico un 14% más, sospechosa conversión más de fetiche que de fe razonada, mientras que entre las chicas crece una conciencia de feminismo vindicante (¿la razón?: ellas leen más; ellos son más de insulto breve en tiktok). Pero unos y otras acabarán descubriendo que bajo los adoquines de su indignación no hay una playa, sino cloacas y la mierda de unos valores podridos.

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