AL TRASLUZ
Colmillos preparados

Mientras escuchaba por la radio a Sánchez convocar elecciones, en las que lo previsible es que todos los programas aborden a su forma el problema de la vivienda, recordé que Cervantes vivió de niño un embargo, cuando su padre fue encarcelado por deudas y se les quitó todo lo que había en el piso de Valladolid. Catalina, la madre, estaba embarazada. Miguel tenía entonces cinco años y hubo de quedarle grabada la escena, y rememorarla a menudo en el cautiverio en Argel, pero también en sus encarcelamientos preventivos en España, todos sin condena final, pero el susto es el susto. Por cierto, en aquella España, los corruptos de entonces hicieron grandes fortunas adquiriendo antes terrenos y edificios, pues sabían con anticipación en qué ciudad se instalaría la Corte. También, mientras escuchaba la convocatoria me vinieron a la memoria las palabras de Sancho al abandonar, por su voluntad, el gobierno de Barataria: «Desnudo nací, desnudo me hallo, ni pierdo ni gano y sin ella salgo, bien al revés de cómo suelen salir los gobernadores de otras ínsulas». Otros se dedican al lobby. Hay políticos a quienes les dejas las llaves de tu coche nuevo y te devuelven un patinete.
Antes de acceder al cargo le razonó a don Quijote: «teniendo yo el mando y el palo, haré cuanto más el que tiene el padre alcalde». Mandar, mandó poco. Y palos, no dio. Qué gran tipo. Uno de los problemas de la política es que, en todos los partidos, aunque no en la misma proporción, el fair play es considerado poco operativo, y menos para ganar elecciones. Se prefiere el colmillo en perfecto estado de revista.
El escudero hizo otro gran razonamiento de calado acerca de la honradez y de tener la conciencia tranquila: «… más me quiero ir Sancho al cielo que gobernador al infierno». Con razón, Antonio Machado proclamaría siglos después que en España lo mejor es el pueblo.
Y con estos ecos me levanté, pues los días de fiesta los columnistas también escribimos. Pero antes de sentarme ante el teclado, mientras mojaba la magdalena en el café, aún me vino a la memoria otro pasaje: el pleito a gritos en la venta, por lo que don Fernando propuso aclarar con una votación la discrepancia sobre si lo que lleva sobre la cabeza don Quijote era bacía de barbero o yelmo de Mambrino. Dicho sea de paso, el noble no respetaría los minutos de reflexión y trato de dirigir el voto. Si le dejan se saca de la manga una ley de bisnietos.
Y sí, visualicé a niño llamado Miguel, quien observa aquel triste embargo. La adversidad es una escuela misteriosa: a unos les destruye; a otros, les revela fuerzas que ignoraban tener, no porque les endurezca el corazón sino porque se lo agranda. En nuestra democracia aún sobreviven restos de aquella caballería andante de la Transición, pero, a derecha e izquierda, hay fieras deseosas de morder. Ufff.