Diario de León
El busto de Gumersindo de Azcárate preside uno de los rincones más simbólicos de la biblioteca, junto al antiguo fichero de consulta y una selección de obras destacadas

El busto de Gumersindo de Azcárate preside uno de los rincones más simbólicos de la biblioteca, junto al antiguo fichero de consulta y una selección de obras destacadasSierrapambley.org

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Hay historias que quedan escondidas en el reverso oscuro de la Historia y que nos cuentan más de lo que sucedió que las que pasan a los libros escolares e inspiran óleos y estatuas. De Pedro de Valdivia, conquistador de Chile, se cuentan sus guerras contra los araucanos, primero exitosas, finalmente catastróficas, o su amor por Inés Suárez, la valiente costurera de Plasencia que en su ausencia defendió Santiago y para asustar a los indios que la asediaban hizo decapitar a sus caciques prisioneros y les exhibió las cabezas como advertencia de lo que les esperaba.

Son hechos históricos, aunque no dejaron de envolverse en mitos desde el principio, y en la memoria popular cuesta desliar unos de otros.

Así, más de uno recordará que a Valdivia, tras capturarlo en su último y desdichado combate, los araucanos o mapuches -que es como se llamaban ellos- le vertieron oro fundido en la garganta para castigarlo por su codicia, aunque ese relato tiene todo el tufo de ser préstamo del final que según las crónicas romanas le correspondió en Siria a Craso, colega de triunvirato de César y Pompeyo. Y en cuanto a Inés, quien de ella sepa es muy probable que se guíe por la novela de Isabel Allende y la serie en ella inspirada, de rigor histórico escaso.

Prácticamente nadie, en cambio, y aquí volvemos a esas historias ocultas, conoce la peripecia real de Marina Ruiz de Gahete, legítima esposa de Valdivia, que se quedó en España mientras su marido descubría y conquistaba y se amancebaba con Inés, hasta que el ya gobernador de Chile la reclamó a su lado tras haber sido exhortado a repudiar a su amante por Pedro de la Gasca, jurista y eclesiástico enviado por la Corona para poner orden en el sindiós del Perú. Quiso la mala suerte de la pobre Marina que, tras jugarse la vida en la travesía y el viaje subsiguiente, llegara a Chile cuando su marido ya había muerto a manos de los mapuches, tras consumir en la guerra contra los indómitos habitantes de la Araucania, que jamás se sometieron a los españoles, toda la fortuna que había logrado acumular.

Su final nos lo narra el profesor Javier de Navascués en su libroPedro de Valdivia, conquistador de Chile, en términos que dan testimonio de las penurias que también tuvo la conquista: "Sin hijos, sin dinero para volver, quizá sin la promesa de un sustento digno en su Zalamea natal, murió a los ochenta, sola y pobre, en una tierra que debió maldecir hasta el fin de sus días". Antes de eso, llegó a vivir acogida en la casa del encomendero Rodrigo de Quiroga, con quien se había casado Inés Suárez.

Qué necesaria es la aproximación a la historia sin eludir su verdad compleja, en este mundo polarizado que, como constata el autor, "ayuda a que los relatos míticos se enfrenten sin cesar".

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